Otro encantador día en Alaska , se dijo a sí misma mientras se ponía un
chaleco sobre la ropa que ya tenía puesta, tantas prendas limitaban su
movimiento pero había una ventisca que era mejor evitar. Parece que para eso
también estaba haciéndose vieja, estaba empezando a sentir frío , una mujer de
Alaska con frío, eso era inconcebible.
Aunque quizás lo más inconcebible fuese su costumbre de salir a caminar
en la mañana, pero necesitaba despejarse, no estaban siendo días fáciles. Y
cuando , Evan había llegado de madrugada , apenas sobrio, debió contenerse para
no descargar su frustración con él.
Así que con frío o sin frío, necesitaba
el ejercicio físico para despejar su mente.











