-¡Silvia! –Exclamó indignada Camila entrando en el despacho y con el teléfono en mano.
-¡Qué! –Se sobresaltó en el sillón y miró por encima de la pantalla del ordenador.
-Tu pobre madre ha colgado el teléfono y ha tenido que volver a llamar, después de que la hayas dejado en espera más de cinco minutos… ¿acaso no me oíste bien cuando et avisé antes?
-No, perdona Camila –Se disculpó alzando el teléfono inalámbrico de la mesa-. Puedes colgar ya… -Camila la miró un segundo y luego se marchó renegando a voz baja-. ¡Hola mamá! Espera que conecto el manos libres… Ya puedes hablar…









