Sintió al hombre acercarse,
las manos de él se levantaron hacia ella e inesperadamente tomó las solapas de
la blusa y volvió a cerrarla, cubriéndola.
-Byul, mi Byul… soy yo – dijo
el hombre y el letargo que la envolvía se disipó. Era Janeul. No había sido
capaz de notarlo o quizás estuviera soñando o quizás hubiese muerto, pero era
Janeul.
-Janeul ...- susurró con miedo.
-Soy yo, Byul, perdón por
llegar tarde, perdón. Estoy aquí, gracias por esperar- dijo él y la abrazó.
Sintió el calor y el aroma y
supo que era real, que él estaba allí, que él había llegado a salvarla.
-Eres tú…- dijo pegada a su
pecho y lo sintió acariciarle la cabeza con delicadeza.
-Byul, Byul, Byul...- repitió
él y la joven se largó a llorar. Lloró
hasta que ya no pudo sostenerse más, pero no cayó porque él la sostenía.









