miércoles, 29 de mayo de 2013

Un Amor para Recordar XX (Final)


Muchas gracias a quienes leyeron esta historia (Incluidas las que hicieron trampa, ejem.. Kriss jaja) Espero les haya gustado y claro, gracias miles a mis Sisses que son las que siempre me animan a escribir.
El Jefe de seguridad de Stefano y lo demás estaban a pocos metros de la costa, tenía varios minutos que habían visto correr a Stefano por la playa, todo indicaba que no solo había llegado a salvo sino que había visto a Jacqueline y seguramente a su captor.

-       Podemos hacerlo.- Gritó a los demás. Sacando fuerzas de casi nada intentaron nuevamente llegar a la costa. Parecía imposible pero lo intentarían, no había muchas opciones.
-       El helicóptero va despegar. – Llegó esa frase entrecortada a través de la radio.
-       ¿Quién piloteara? – Preguntó de inmediato.
-       El Sr. Vecchio…
-       Intentaremos llegar a la costa…
-       Yo misma te mataré. – Le gritaba Jaquie a Oscar en una mezcla de pánico por Stefano, furia y lágrimas. De un bofetón la lanzó al piso para luego abalanzarse sobre ella y lograr esta vez abrirle el vestido en dos dejándola sin nada. Esta vez si lograría su cometido, simplemente pidió que todo acabara pronto.

Lo sintió encima de ella y las nauseas revolvieron su estomago. La única barrera era su sopa interior, la cual no tardaría en ser rasgada y desechada. Las sucias manos de Oscar intentaron quitarle el sujetador, débilmente ella se resistió, justo cuando daba por perdida definitivamente la batalla, vio como Oscar era levantado por detrás para luego ser lanzado por los aires. Se incorporó rápido viendo con asombro como Stefano no solo estaba de pie si no que parecía estar bien. Corrió a abrazarlo. Él la estrechó con tanta fuerza que le sacó el aire de los pulmones.

-       ¿Estás bien?
-       Sí.
-       Pero si vi que te dio. – con las manos buscó la herida, él la detuvo.
-       ¿Tú estás bien? – le dijo apartándola para inspeccionarla como a una niña.
-       Espera. – Ella intentó que parara, pero él seguía buscando sus heridas y gruñendo cada que encontraba una, lo que era cada dos segundos aproximadamente. – La pistola ¿dónde está la pistola? – Eso hizo que parara por fin, vio a Oscar que seguía noqueado en un rincón, se quitó la camisa y se la puso a ella. Buscó el arma sin éxito ya que la luz seguía yendo y viniendo. Cuando se dirigía a buscar donde estaba el tipo, se detuvo al escuchar lo que ella dijo.
-       Aquí hay sangre. – Dijo ella viendo la camisa que traía puesta. - ¡Maldición! ¿dónde te ha dado?
-       Estoy bien. – Dijo él acercándose a ella.
-       No lo creo. Quiero ver.
-       Créeme, fue solo un rozón. Me quedé aturdido pero no lo suficiente como para no reaccionar después… - calló al ver como se le resbalaban las lágrimas a ella. – cariño, ¿Qué pasa?
-       Pensé que estabas muerto.
-       No lo estoy.
-       ¿Imaginas lo que sentí?
-       Sí. Lo mismo que yo al pensar que no volvería a verte, yo…
-       ¿Buscaban esto…?
-       ¡Maldición! – Siseó Stefano, había cometido un error fatal, había estado más preocupado inspeccionándola a ella, cosa que podía haber pospuesto por unos minutos en los que iba hacia ese desgraciado y lo fulminaba de una vez por todas. De inmediato la puso detrás de él.

El tipo estaba sentado y no parecía haber recobrado todas sus energías, pero sí que apuntaba con decisión el arma hacia ellos. La luz se fue y esta vez no regresó, perfecto pensó Stefano. Sacaría a Jaquie de allí. De pronto no la sintió detrás y se tensó de inmediato. Escuchaba el sonido de pies arrastrándose, se resistió a llamarla, eso solo provocaría que fuera un blanco fácil y ese idiota se la llevara fácilmente. Dios, no permitas que la pierda, rogó en su interior.


-       Es una locura Señor Vecchio. – Le decía el Jefe de policía a Máximo quien se disponía a pilotear el helicóptero. – Es casi un suicidio.
-       Tendré cuidado.- Le dijo tranquilamente. La policía no tenía mucho de haber llegado y él hubiera despegado desde hacía minutos si no fuera por que se lo habían impedido. Ya sabían que Jaquie y su captor estaban en la zona, y que Stefano había logrado llegar allí, pero sin un arma, estaba claro que dos de las personas que más le importaban estaban en peligro y él no iba a quedarse de brazos cruzados. Además Allison nunca se lo perdonaría.- Lo siento, pero no hay nada que pueda hacer para impedirlo. – Dicho eso fue hacia el aparato.
-       Esos dos están locos de remate, uno se aventó a un mar totalmente furioso por la tormenta y logró llegar a la costa y este piloteara en medio de la tormenta. – Comentó el Jefe de la policía a otro.
-       Hay un margen grande de que lo logre.
-       Eso espero.

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-       Ven aquí… - Canturreaba ese maldito bastardo llamándola a ella. – Te encontraré y lo encontraré a él, lo mataré… esta vez no fallaré. – Stefano esquivó al tipo gracias a que había hablando, la oscuridad era total, ya que la puerta se acababa de cerrar por el viento. – Jaquie… Jaquie… - Susurraba de manera psicótica.- ¡Aquí estás! – Proclamó con triunfo en la voz y Stefano estuvo a punto de maldecir en voz alta. – Oh, era una silla… pero estoy cerca ¿verdad? – Stefano agradeció que Jaquie aún no había sido atrapada. La luz volvió y lo hizo sin debilidad esta vez, con asombro vio a Jaquie en una esquina.
-       La que encontró aquí fui yo. – Le dijo. Oscar se quedó paralizado al verla.
-       ¡Baja eso! – Le gritó.
-       Tenía la esperanza de que hubiera otra pistola en la caja y mira que sí. – Jaquie le apuntaba sin vacilar con otra pistola. – Si no disparé es por que tenía temor de que la bala no fuera para ti.
-       Entonces moriremos los dos. – Los tres estaban en cada una de las esquinas de la casucha.
-       Jaquie ven aquí. – Dijo Stefano con voz tensa.
-       No.
-       ¿Qué? No seas necia, maldita sea.
-       Sal de aquí.
-       ¿Estás loca?
-       No quiero que te dispare.
-       ¡Ven aquí! – Exigió con desesperación.
-       ¿Sabías querida que esa pistola está descargada?
-       No te creo. Gritaste que bajara el arma en cuanto me viste.
-       Solo para darte valor y divertirme. – Le dijo sonriendo diabólicamente. La sonrisa se le borró en cuanto ella apretó el gatillo sin vacilar. Lo hizo una y otra vez rogando por que hubiera una sola bala, pero no era así.
-       ¿Ahora me crees? La única pistola que funciona está en mis manos. – Jaquie le lanzó el arma a la cabeza y corrió hacia Stefano quien de inmediato puso su cuerpo como escudo para protegerla. La luz decidió irse de nuevo dándoles una pequeña ventaja, un disparo rasgó el aire de nuevo.- ¡Los mataré! – Gritó Oscar. Ella sintió que Stefano la apartaba.
-       ¡Sal de aquí! ¡Busca la salida y esta vez hazme caso! – A trompicones y palpando la pared encontró la puerta la abrió y una ráfaga de lluvia y viento le azotó la cara, avanzó lentamente resistiéndose a irse. Dio solo unos pasos y volteó hacia la casucha debatiéndose entre entrar o no, pero sabía que de nada serviría. Todo estaba en manos de Stefano. Pero la sola idea de perderle, le hacía querer gritar de pánico y dolor. Más disparos se escucharon y ella tembló como una hoja tapándose la boca para no gritar. Le pareció ver algo en la oscuridad, luces parecían ser ¿ayuda, quizás? Gritó esperando ser oída, lo hizo con todas sus fuerzas y de pronto unas sombras empezaron a avanzar hacia ella. El sonido de un helicóptero se hizo oír a pesar del ruido de la tormenta y ella rogó con toda su alma que no fuera demasiado tarde.

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-       Pañales, necesitamos pañales. – Allison rebuscaba en la bolsa donde guardaba las cosas de su niña y lo hacía alborotando todo y dejando las cosas por la cama, ella que era muy ordenada parecía ser la imagen viva del caos, tan nerviosa estaba. – Con las prisas, solo eché algunos.
-       Daré la orden a Will de que vaya a comprarlos, y después una de nosotras bajará por ellos o pediremos que alguien del personal de seguridad lo haga ó quizás sea mejor que vayas tú por ellos una vez que los hayan comprado, un pequeño paseo a la recepción, no te hará mal para calmar aunque sea mínimamente tus  nervios.
-       Yo debería calmarte a ti Silvia y mírame.
-       Todos estamos igual cariño, todos.

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Dejó de oír ruidos en la casa, ni un solo disparo, nada. La puerta nuevamente se había cerrado nadamas salir ella.

-       ¡Stefano! – Gritó con todas sus fuerzas. El rugido del mar ahogó su llamado. Sin poder esperar más corrió hacia la puerta e intentó abrirla, la maldita se había averiado dejando imposible abrirla, imposible para ella que casi no tenía fuerzas. La aporreó, pateó y siguió gritando el nombre del hombre que amaba. - ¡Por que tardan tanto en llegar! – Volteó a ver hacia donde había visto las sombras avanzar y estas estaban más cerca, el helicóptero seguía sin poder aterrizar y ella siguió en sus intentos frenéticos por entrar. Otro disparo se escuchó justo cuando la tormenta hacía una breve pausa. Jaquie volvió a aporrear la puerta y a llamarle. Rendida se deslizó por la puerta llorando. Como si todo se hubiera puesto de acuerdo, los rayos empezaron a oírse cada vez más lejos y el mar pareció dar una pequeña tregua a su furia. La fuerte lluvia cambió por una llovizna y ella cerró los puños, impotente sobre la arena. Ahí se quedó sin saber a ciencia cierta cuanto tiempo había pasado. Sintió que unas manos la levantaban con firmeza de la arena.
-       ¿Jaquie? ¿estás bien? ¿Dónde está Stefano? – Esa voz familiar la sacó de su trance.
-       ¡Máximo! Gracias al cielo, está allí con el hombre que me secuestró – Dijo señalando la casa. - No ha salido… oí disparos, no sé que pasó… No lo sé… no puedo entrar. – Le dijo entre sollozos. – Él hizo que saliera.
-       Por supuesto que lo hizo. Quédate aquí. – La apartó y embistió la puerta sin resultados. Las sombras que había visto ella, se materializaron, reconoció al Jefe de seguridad de su esposo quien avanzó hacia ella y le hizo las mismas preguntas que Máximo, no pudo responder, solo señaló la puerta rogando que la abrieran. Enseguida entre todos derribaron la puerta. Como nunca antes ella había odiado el silencio. Intentó entrar primero pero se lo impidió Máximo.
-       Espera aquí por favor. No sabemos si es seguro –Le pidió.
-       Por favor…
-       No. – fue la tajante respuesta que le dio, la sujetaron puesto que seguía empecinada en entrar y vio a Máximo entrar con otros dos. Seguía sin oír nada a excepción de su corazón que parecía querer salírsele por la garganta.
-       ¡Que rayos! – Oyó maldecir a Max y sin esperar más se deshizo del agarre del que la sostenía, lo hizo a un lado y entró corriendo. Vio a Stefano en el piso boca abajo y un reguero de sangre saliendo debajo de él, gritó y luego se desmayó…
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-       Muéstrame tu identificación. – Un rubio de casi dos metros y con cuerpo del tamaño de un clóset lo detuvo en la entrada del edificio. Le mostró lo que le pedía.
-       Soy empleado de confianza. – Le dijo con un gesto de fastidio. – Pregúntele a la Sra. Silvia Troyanos.
-       Ahora mismo nadie es de confianza. – Le dijo el grandulón.
-       Yo sí. – Aseguró con confianza. El otro lo ignoró y echó otro vistazo a su carnet.
-       Todo parece estar en orden, pero no puedes subir.
-       Pero…
-       No se puede subir. – Fue la respuesta clara y directa. Paciencia, paciencia, se repitió a sí mismo William. Estaba tan cerca de ella, tan cerca, solo era cuestión de esperar el momento adecuado. El cual llegó pasado un tiempo no demasiado grande. – Compra pañales. – La orden de parte del rubio le retorció las entrañas, pero esbozó una sonrisa sarcástica al saber que saldría de allí con lo que quería, quizás te mate al irme pensó con satisfacción. No tardó nada en volver con el pedido.
-       ¿Ahora si puedo subir? – preguntó con tranquilidad.
-       No. La Sra. Vecchio vendrá por ellos. – Fue la increíble respuesta del tipo.
-       ¿Qué? – No pudo evitar preguntar con la boca abierta por la incredulidad, las cosas no podían estar saliendo tan bien, casi se frotó las manos…

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-       ¿Jaquie? Cariño despierta por lo que más quieras. ¿Qué rayos pasa? ¿Por qué no nos vamos? – Preguntaba un desesperado Stefano a Máximo.
-       Bueno, me atreví a despegar con este clima para llegar pero no quiero arriesgarme ahora que ella y tú van a bordo, no garantizo que no nos estrellemos. – Le decía Máximo a un desesperado Stefano que sostenía a Jaquie en sus brazos.
-       ¿Por qué no la detuviste?
-       Lo intenté, pero hubiera sido más fácil detener a un toro de lidia. – La mirada de reproche que recibió por parte de su primo lo hizo sonreír, él también se había llevado un susto de muerte al verlo tirado y con sangre saliendo debajo de él, pero la verdad es que Stefano estaba encima de la sangre de Oscar que yacía en un rincón cercano medio muerto. Stefano no estaba ileso, se había desplomado sobre la sangre que ese tipo había dejado. Tenía un disparo en la pierna y otro rozón en un brazo. – Saldremos de aquí, de eso no tengas la menor duda. La tormenta ya amainó considerablemente ¿Cómo lograste esquivar los disparos?
-       La oscuridad fue mi aliada, aunque no del todo. – Movió con cuidado su pierna de la cual manaba algo de sangre todavía a pesar del improvisado vendaje que le habían hecho. – Esquivé todo lo que pude, lo desarmé, conseguí el arma y le disparé. Lamento que no haya sido mortal ese único disparo que le di.
-       Dámela, no debes esforzarte demasiado. – Le dijo Max pidiéndole a Jaquie.
-       No. – Fue la única sílaba que dijo, pero Max volvió a sonreír, estaba tan feliz de verlos a los dos sanos y salvos, quizás no tan sanos pero sí salvos. La radio se hizo presente y pedían hablar con Máximo.
-       Todo bien. Avisa a la familia por favor, que los dos están bien. – le dijo al encargado de la seguridad de los Vecchio. - Nos vemos en el hospital, tienen que revisarlos. – No añadió más detalles para no intranquilizar más a la familia, sobre todo a su esposa.
-       Jefe tiene que venir de inmediato. Código rojo. Repito código rojo.- La sonrisa se le borró del rostro. – Voy de inmediato. Quédate aquí, en cuanto la tormenta sea menor vendrá otro helicóptero. – Le dijo a Stefano.
-       De eso nada, nos vamos todos. Eres un excelente piloto. ¿Qué pasa?
-       Nada, sólo que voy a matar a alguien, por fin. – Fue la única respuesta que dio Máximo.
-       Bueno, nada del otro mundo entonces. Vámonos.

Subieron al aparato todos incluyendo Oscar que iba inconsciente. En vano intentó despertar a Jaquie. Al llegar a una zona segura después de un turbulento y breve vuelo, fueron rodeados por policías y paramédicos, en segundos estaban en una ambulancia camino al hospital.

-       Dime que pasa. – Le pidió por última vez a Máximo.
-       Te veré pronto en el hospital. Todo estará bien.
-       Si tú lo dices, así será. – Y se metió en la ambulancia, sabía que Máximo podría resolver cualquier cosa, mientras él estaba loco de preocupación al ver que Jaquie no volvía en sí.

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-       Los pañales llegaron querida. – Dijo Silvia a Allison. No era necesario que fuera le dijo pero ella quiso hacerlo. Antes de salir le dio un fuerte abrazo a Silvia, hacía escasos minutos todas habían gritado y brincado de alegría, habían hecho tanto escándalo que habían despertado a las niñas, pero es que la noticia de que tanto Jaquie como Stefano estaban bien, las había puesto locas de contentas. Iría por los pañales cambiarían a las nenas y luego se marcharían de inmediato al hospital. Tomó el elevador y dijo adiós con alegría a los dos guardaespaldas que custodiaban la puerta, habían intentado acompañarla, pero ella tranquila les había pedido que se quedaran en sus puestos. Llegó a la recepción y pidió al que atendía que le diera el paquete, iba tan contenta que tardó en percatarse de la tensión y nerviosismo del recepcionista. – Los pañales… - Le repitió ella la petición.  Este sólo movió la cabeza negando. - ¿No han llegado? – algo lo empujó y ese algo salió de detrás de él, Allison se sintió más petrificada y aterrorizada que si hubiera visto al mismo diablo. – Tú… - Dijo en un susurro ahogado.
-       Yo, William…
-       Pero… ¿cómo?
-       Siempre me subestimaste, gran error, Allison.
-       Tú estabas en la cárcel.
-       Me escapé… - Avanzó hacia ella, mientras apuntaba al empleado.- Metete en el baño – le ordenó. – Si sales te vuelo la cabeza. – Este obedeció de inmediato.
-       ¿Qué pretendes? – retrocedió y buscó con la mirada a alguien de seguridad.
-       Terminar lo que empezamos.
-       Yo no empecé nada.
-       Pero yo sí, y no pierdas tu tiempo buscando a alguien que te ayude por que soy empleado de confianza ¿sabías? Se me ha permitido estar aquí y sin vigilancia alguna, todos están afuera resguardándolas. Que ironía ¿no crees?
-       ¿Empleado de confianza?
-       Bueno, dio la casualidad que alguien llamado como yo lo es, el pobre está amarrado ahora mismo en la mansión de los Troyanos. Tomar su identificación y poner mi fotografía fue juego de niños.
-       Esta vez Máximo si que te matara. – Le dijo  con una mezcla de lastima y odio en la voz, el terror inicial había dado paso al resurgimiento de toda la rabia que había enterrado hacía tiempo contra él.
-       Tengo entendido que está ocupado salvando a la maldita de tu amiga.
-       De maldita nada, pero, ¿te refieres a la que te pateó tan limpiamente el trasero en Bali?
-       Si no la mató Oscar, lo haré  yo.
-       ¿Era Oscar? – Preguntó consternada.
-       ¿Era? Así que el muy idiota fue atrapado.
-       Tendrás el mismo final.
-       No soy tan estúpido como él, lo soporté por que su obsesión convenía a mis fines, hacía de tu amiga su objeto sexual personal y yo te conseguía a ti, por fin…
-       Nunca me tendrás…
-       ¿Quieres apostar? – Se acercó a ella y sin pensarlo intentó besarla, en el forcejeo ella logró quitarle el arma de un limpio golpe en la muñeca, la pistola voló lejos y antes que él fuera por ella, Allison le dio una zancadilla enviándolo al piso, una vez allí le pateó el estomago sacándole el aire.
-       Apuesto todo.- Le dijo poniéndole el pie en la garganta. – Tomé clases de artes marciales. Tendré que agradecerle a Jaquie una vez más. ¿Sabías que puedo quebrarte el cuello desde esta posición? – Presionó el pie con decisión.
-       ¡No lo hagas! ¡Me iré, esta vez desapareceré de una vez por todas! – Gimoteó cobardemente.
-       No te creo.
-       Yo tampoco lo creo. – La profunda voz de su esposo le llegó desde atrás. No hizo intento de voltear, por dos razones: la primera es que no quería ver la furia en los hermosos ojos color del oro de su adorado marido por haber desobedecido.

 Ya que había bajado sin protección alguna y la segunda por que no permitiría que una breve distracción le permitiera a William tomar ventaja.

-       Me pareció que te dije que no abandonaras por ningún motivo la protección que se te brinda. –Tronó Máximo.
-       Creí que estábamos a salvo, una vez capturado el secuestrador de Jaquie.
-       Gran error ¿No crees?
-       Cuando estás furioso pero suenas así de calmado, me dan ganas de huir y esconderme en el sitio más alejado del mundo.
-       Aún así te encontraría. Lo sabes ¿verdad?
-       Lo sé. – Ella esbozó una sonrisa sin dejar de presionar su pie contra William y sin dejar de ver al hombre que casi le arruina la vida por temor a que se le escapara.
-       ¿Le sonríes a él o a mí? – Preguntó Máximo.
-       ¿Tú que crees? – Le provocó.
-       Creo que te daré una tunda en cuanto estemos solos y creo que a él voy a matarlo. Ya es hora de que lo haga.
-       ¡No! – Gritó William patéticamente. Allison arrugó el ceño con desprecio al oírlo. Máximo la apartó con suavidad y William se incorporó con rapidez tosiendo. Con una gran rapidez corrió hacia el arma y Allison gritó al ver lo que se proponía. Máximo no dijo nada, simplemente levantó una mano y un disparo cortó el aire haciendo que la pistola de William se fuera más lejos.
-       ¿Qué pasó? – Preguntó Allison.
-       Todo el sitio está custodiado, incluyendo aquí dentro. – Le informó Máximo y le señaló las esquinas, desde donde parapetados y perfectamente camuflajeados habían hombres colgando y apuntando a William.  – No dispararon antes por que temían darte y yo aun no llegaba, de lo contrario habría actuado sin dilación. ¿tienes una maldita idea de lo que pasé pensando en que ese bastardo estaba a metros de ti? No, no la tienes. Y ¿sabes lo que sentí cuando supe que estabas sola cerca de él? ¡Dios! ¡me has quitado 20 años de vida! Sospechábamos que William estaba metido en esto, pero lo confirmamos apenas hace unos minutos. – Uno de sus hombres se acercó y los demás empezaron a bajar de sus puestos.

Observaron como William hacía amago de huir, sin más, Máximo tomó el arma del guardaespaldas que tenía cerca y le disparó. Allison dio un respingo y vio caer al hombre que había odiado con toda su alma.

-       ¿Lo mataste?
-       Me gustaría decir que sí, pero mucho me temo que no. Solo le di en una pierna.
-       Bien. – Empezó a sentirse mareada. - ¿Qué tienes planeado hacerme por haberte desobedecido?
-       No te lo imaginas. – Gruñó él.
-       Tendrá que esperar.
-       ¿A qué?
-       Creo que voy a  … sí… tendrás que esperar que se me pase la sensación de… mmm… que raro, no soy de las que se desmayan….- Dicho eso Máximo alcanzó a agarrarla antes de que se deslizara al suelo.
-       ¿Allison? ¡Allison!

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¿Estaba muerto? ¡Estaba muerto! ¡No! ¡No le había dicho que lo amaba! ¿Cómo seguir viviendo así? Tenía a su hija, tenía a Maddie. Pero ahora mismo sentía que estaba muerta y vacía por dentro… ¿Qué pasaba? Todo estaba oscuro… ¡Dios! ¡Él estaba muerto! Empezó a llorar  y a luchar por salir de la maraña del sueño, sabiendo que no era producto de su imaginación ni de una pesadilla el hecho de que Stefano estaba muerto.

-       Tranquila amor, tranquila. – Era su voz, empezó a llorar con más fuerza, ahora lo alucinaba. – todo está bien, estoy bien. – las garras de su pesadilla empezaron a soltarla, con esfuerzo abrió los ojos y lo primero que vio fueron dos hermosos ojos plateados, las lágrimas seguían fluyendo como si de una cascada se tratara.
-       Tú… tú… ¿estoy soñando?
-       No, estás bien, estoy bien… todo está bien.
-       Pero yo… te vi….
-       Sí, pero no era mi sangre era la de él. Estoy vivo. – Se incorporó con energías renovadas y se aferró a él que estaba sentado en la cama. – Nunca más volverá a intentar dañarnos. – le decía él mientras besaba su pelo. – Jamás te dejaré sola otra vez. Nunca te apartarás de mí ¿entendido? – la voz de Stefano vaciló y ella se apartó para verlo. Sus ojos brillaban como dos gotas de plata líquida por lágrimas no derramadas.
-       Nunca más me apartaré de ti. – Le dijo ella y una lágrima de los ojos de él se deslizó por su rostro, ella la limpió con un beso.
La abrazó tan fuerte que sintió que le quebrarían las costillas para después devorarle la boca con el beso más intenso, dulce y apasionado que jamás le había dado.


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-       Ya sé que hacemos todo juntas, ¿pero no crees que es exagerado venir al hospital al mismo tiempo? – Jaquie bromeaba con Allison que estaba en el cuarto contiguo. En cuanto los dos peores enfermeros que podrían existir es decir Máximo y Stefano se habían ido por una taza de café, ella se había podido escapar para ir a ver a Allison. La risa de Ally la hizo reír también.
-       Fue de locos todo esto ¿verdad?
-       Lo fue. Pero ya pasó. – Jaquie suspiró al decirlo. Tanto William como Oscar habían intentado huir del hospital donde habían sido internados, habían tomado rehenes y la policía los había batido a balazos, ambos habían perecido. Aun no podía creer que tan terribles amenazas habían sido erradicada por fin, era como el final de la pesadilla. Seguía sin creérselo.
-       Lo peor de todo es que nuestros esposos son terribles como cuidadores.
-       Mira que quiere llevarme cargada al cuarto de baño, he tenido que sacarlo de la habitación, gracias a Dios que aceptaron ir a tomar café. Me quiere tener entre algodones. – Dijo Jaquie riendo.
-       Casi se muere de la preocupación, se nota que te adora.
-       No me lo ha dicho. – Dijo Jaquie.
-       ¿Es necesario?
-       Sí, no… No lo sé… creo que me ama.
-       Se comporta igualito que Max, ¿Qué mas pruebas quieres que está loco por ti?
-       Pido demasiado ¿verdad? Es solo que, nunca me ha dicho que me ama… sí, lo admito, soy una romántica, muy en el fondo pero lo soy.
-       Toda mujer lo es. Solamente espera, ten paciencia.
-       La tendré. – Cambió de tema para no seguir añorando. - Pero  en cuanto a mi nena ahora mismo me muero por verla.
-       ¡Y yo por ver a la mía!

Al otro día fueron dadas de alta. Era gracioso que ellas hubieran tardado tanto en salir del hospital y Stefano pudiera andar de un lado a otro a pesar de estarse recuperando de una herida de bala. Pero su flamante esposo había arreglado todo para que ella no saliera hasta que estuviera completamente seguro que estaba bien. Lo vio acercarse con una leve cojera.

-       ¿Aun te duele?
-       Casi nada.
-       Si hubieras descansado…
-       ¿Para que?
-       Olvídalo. – suspiró ella.
-       ¿Te despediste de Allison?
-       Sí. – Le dijo con pesar. Su amiga regresaba a Florencia, aunque se verían en unas semanas en las Islas. Levantó la mirada y vio como Stefano la miraba con intensidad. - ¿Todo bien?
-       Nos vamos hoy mismo a la Isla, tienes que descansar.
-       Tenemos…
-       Bien. Todo está listo.

Regresar a donde se había casado y pasado su noche de bodas produjo sentimientos encontrados en Jacqueline, por un lado se alegraba de estar allí con él y por otro su corazón le producía una especie de añoranza y melancolía por la incertidumbre de no saber si él realmente la amaba o sólo le tenía el cariño suficiente por ser la madre de su hija. Cierto que la había hallado y salvado, sabía toda la historia gracias a Allison y Máximo. Stefano había hecho hasta lo imposible por  rescatarla, pero él era así. Nunca se daba por vencido y tratándose de la madre de su hija, mucho menos ¿era razonable pensar así? O es que estaba demasiado acostumbrada al hecho de que su matrimonio no era normal y sentía que era demasiado pedir que su felicidad fuera completa. Él la trataba como la cosa más preciosa del planeta, ella se sentía feliz pero también insegura, como si la coraza que siempre la resguardaba se negara a terminar de resquebrajarse. 
Lo amaba y con locura, pero aún conservaba un pedazo de ese condenado escudo que la obligaba a contenerse para no demostrar su amor a riesgo de sufrir aun mas. Abordó el helicóptero y  al empezar el trayecto pensó y pensó hasta que el sueño y el cansancio de los últimos acontecimientos la vencieron. Despertó en una suave y enorme cama de sabanas blancas, del dosel ondeaban las cortinas que rodeaban la cama al compás del viento del mar, el murmullo de las olas la tensó de pronto.
Con esfuerzo se recordó que ahora estaba a salvo y no huyendo de un lunático. Seguro que Stefano había hecho que la llevaran a la habitación, una que le resultaba familiar pues ahí había pasado la luna de miel. Se sentó en la cama y estiró los brazos sintiéndose relajada y descansada. Tomaría un baño e iría a ver a Maddie.
Treinta minutos después se había duchado, visto a su hija en su cuarto durmiendo tranquilamente y buscado a Stefano que no estaba por ninguna parte y nadie sabía dónde había ido. Caminó hacia la playa y se recordó aquella mañana de su boda, conversando con Allison y salpicándose entre las olas, momentos antes de ponerse a jugar como un par de niñas, ella por fin le había confesado a Ally que amaba a Stefano. 
Horas más tarde había estado a punto de salir corriendo y de no casarse, pero él le había llamado por teléfono y usando todo su encanto, persuasión y demás, le había pedido por primera vez que se casara con él y es que nunca se lo había pedido, lo había exigido y eso era muy diferente. Así que ella había caminado hacia él totalmente enamorada y perdida en el encanto del momento. Esos días en la Isla Troyanos habían sido de los mejores de su vida. Después habían tenido sus problemas, pero de una u otra manera su amor por él no había menguado, si no más bien incrementado ¿Qué importaba si él no la amaba? La vida era un instante, y los sucesos recientes le habían demostrado que había que vivirla con honestidad y sin recelos, sin cobardía. Le diría que lo amaba, lo haría y se prepararía para lo peor, para no escuchar que él también la amaba, el amor de ella tendría que bastar por los dos, tenía que ser así. Al menos lo intentaría, sería sincera y así se quitaría esa carga de encima de una buena vez por todas.

-       Aquí estás. – Lo escuchó decir. Ni siquiera se había percatado del sonido de sus pasos en la arena, tan absorta estaba en sus pensamientos. Quiso voltear y decirle simplemente: te amo, siempre lo he hecho. Pero no pudo. Las palabras se quedaron atrapadas en su garganta como un odioso nudo. Sonrió en respuesta. - ¿Te sientes bien? Estás algo pálida. – Ella hizo un gesto con la mano indicando que estaba bien. - ¿Podrías decírmelo con palabras por favor? Estás empezando a preocuparme.
-       Estoy bien. – Gracias a Dios, por fin las palabras habían salido, si bien no las que quería decir. Él tomó su mano y empezó a caminar con ella por la orilla de la playa.
-       He de resultar fastidioso ¿verdad? – Le sonrió y ella sintió derretirse.
-       ¿Por qué lo dices?
-       ¿Por qué no puedo dejar de preocuparme por cualquier cosa respecto a ti?
-       Lo encuentro… un tanto divertido, de hecho.
-       ¿Ah si?
-       Sí, pero sigue así un poco más y empezaré a gritar y tirar cosas. – Lo amenazó bromeando, afortunadamente empezaba a relajarse.
-       Juro que tomaré en cuanta esa advertencia. – respondió él en el mismo tono de broma. – ¿Era cierto lo que dijiste en el hospital? – Dijo de pronto.
-       ¿Exactamente que?
-       Que nunca te apartarías de mí.

Ese maldito nudo volvió con todo y ella tragó saliva con fuerza. Pero asintió con energía.

-       Te has vuelto muy callada ¿sabes? – Lo dijo con curiosidad. – Ese movimiento de cabeza significa que…
-       Que si. – Susurró ella.
-       ¿Sí… que?
-       Sabes a lo que me refiero. – Se soltó de su mano y avanzó hacia la casa, él la alcanzó en un santiamén, tomó su mano y la entrelazó con la suya.
-       Necesito que lo digas.
-       Pero si ya lo dije.
-       Necesito oírlo con todas sus letras de nuevo…
-       ¿Por qué? – Inquirió ella.
-       Soy un hombre muy inseguro, debes darme seguridad.
-       ¡¿Qué tú que…?! – Se detuvo y lo miró con interés. – Deja de bromear Troyanos.
-       Tú me conviertes en el hombre más inseguro del planeta por que no tengo idea de lo que pasa por tu mente, en el hombre más  celoso y troglodita del mundo por que no quiero que nadie te vea con ojos de lujuria, ni siquiera de simple admiración, algo imposible siendo tan bella; por que también me has convertido en un tonto, río de la nada al recordar algo que me has dicho o que has hecho, por que a veces la sonrisa de estupidez no se aparta de mi rostro y eso es por que siempre pienso en ti. También soy un odioso por que no soporto la mera idea de que tú contemples el abandonarme, cuando estás en todo tu derecho de hacerlo. Puedo ser un asesino por que mataría a cualquiera que se atreviera a ponerte un dedo encima. Soy un anticuado por que preferiría mil veces que siempre estés en casa para mí y no trabajando en algún peligroso lugar del mundo donde te puede pasar algo y yo… tiemblo, créeme… tiemblo solo de pensarlo. Pero también soy tu victima…
-       Yo… - ¡Dios! Ella que tanto hablaba, pero ese hombre sí que era capaz de dejarla en un estado cercano a la deficiencia mental. - ¿Mi victima? – Se centró en lo último, por que lo demás aún no lograba digerirlo en su totalidad.
-       Eres una ladrona.
-       ¿Qué te robé? – Él se dio la vuelta y quedó mirando hacia el mar, ella lo siguió, se puso frente a él y por primera vez en su vida lo vio tan vulnerable que quiso abrazarlo y no soltarlo nunca. - ¿Qué te robé? – Repitió ella.
-       ¿No es obvio? ¿No lo ha sido siempre? ¿Es que todo el mundo lo sabe, menos tú?
-       Eso me temo. –Él la miró con sorpresa cuando ella le respondió.
-       Te has llevado algo que nunca pensé que alguien me quitaría - La tomó por los hombros y se inclinó hacia ella mientras hablaba. - Y lo más irónico es que no quiero que me lo devuelvas, tenlo contigo siempre por que nadie más podrá tenerlo nunca. Es tuyo ahora y siempre, quédate con mi corazón, te lo has robado, pero ahora te lo doy ¿Lo quieres, verdad?

¿Por qué lloran las mujeres? ¿Por qué lo hacen en momentos en que sería mejor hablar y no estar impedidas de hacerlo por el llanto? Bueno, el llorar en si no es malo, es una emoción intensa que denota distintos sentimientos y ella tenía muchos, amor que la desbordaba, alivio, alegría, felicidad inmensa, y sobre todo lloraba por que sabía que ahora ellos estaban en las mismas circunstancias.

-       Estamos a mano Stefano Troyanos. Yo tengo tu corazón, y jamás en la vida pienso devolvértelo y estamos a mano por que tú también tienes el mío desde hace mucho…
-       Bien, por que no se aceptan devoluciones. – Le dijo riendo mientras le secaba las lágrimas. – Te amo Jacqueline Troyanos.
-       Bueno, ahora lo sé. Gracias por decirlo.
-       Lo mismo digo.
-       Tardaste demasiado.
-       ¿Qué? Pero si he dicho que contigo nunca se sabe además… - Ella lo calló con un beso no sin antes asegurarle lo mucho que lo amaba… - Se detuvo momentos después.
-       Hay algo que debes saber. Yo… no puedo…
-       Tú me bastas, con Maddie tenemos más que suficiente. Allison me lo dijo, no, no la mates, lo hizo por que te quiere muchísimo. Tú y Maddie son lo que más amo y lo único que necesito.

Ella intentó hablar, pero él la calló de la misma manera que ella lo había hecho con él hacia instantes. Una ola los salpicó y ambos rieron como locos. El mar siguió enviándole olas que ignoraron mientras seguían disfrutando del inicio de su nueva vida.
Epilogo…
Dos meses después, Isla Troyanos.

Sentadas en la arena  Jaquie y Ally contemplaban jugar a las niñas, las actividades de cada una las habían hecho reír pues demostraban lo que probablemente serían de grandes. La pequeña de Allison desenterraba con mucha paciencia y curiosidad algo oculto en la arena. Maddie estaba decidida a torear las olas, su paciente padre se lo impedía, pero la pequeña caminaba con entusiasmo una y otra vez hacia el mar.

-       Creo que los genes maternos se han impuesto. -Dijo Jaquie riendo.
-       Pobrecitos de los padres, aparte de lidiar con las madres, las hijas han salido igualitas.
-       Hablando de las nenas… ¿Cuándo pensabas decírmelo? – Le preguntó Jaquie.
-       ¿De que hablas?
-       Sólo diré tres palabras: camarones con  mermelada – Vio abrirse de par en par los ojos de Allison y sonrió satisfecha. – No es un platillo normal, bueno, al menos lo es más que aquella mezcla horrible de crema de cacahuate con yogurt, me dan escalofríos solo de recordarlo.
-       Yo…
-       Tú… estás embarazada… Y sabe Dios por que te dan los antojos más raros del planeta. El caso es, ¿Por qué no me lo habías dicho?
-       Lo siento, no quería…
-       ¿Entristecerme? – la abrazó con fuerza. – Una nueva vida, un nuevo sobrino ¿cómo podría algo así ponerme triste? Soy una mujer plena, satisfecha, completa… ¡Feliz! Amo a Stefano, él me ama a mí… soy…
-       Ya, ya entendí. Tengo tres meses, cuando Máximo se enteró fue el hombre más feliz del mundo, para luego ponerse algo loco al recordar que pateé y golpeé a ese…  hombre, tenía unas pocas semanas por eso me desmayé cuando acabó todo, el caso es que me llevó al hospital a pesar de que estaba perfectamente bien. Y no me deja hacer casi nada, es un incordio total. – Jaquie la abrazó de nuevo, riendo feliz por ella.
-       Jamás dudes en decirme cuando esperes bebes y como tú eres la que los tendrá por las dos, te esperan muchos más embarazos.
-       ¿Qué? De eso nada. Dos y ya, aunque el proceso de fabricación es divertido, eso no lo niego. – las risas de las dos llamaron la atención de ellos.
-       ¿Qué pasa? – Dijo Stefano acercándose a ella y sentándose a su lado sujetando a Maddie.
-       Tendremos un sobrino. – Le anunció contenta.
-       Enhorabuena cuñada. Máximo me lo acaba de decir también. – Jaquie sintió paz al verlo tranquilo y realmente feliz por la noticia.
-       En realidad son dos. –Anunció Allison.
-       ¿Qué? – Dijeron al mismo tiempo Jaquie y Stefano.
-       Este bebé y el otro bebé es mi libro, por fin terminado.
-       Pobre de Máximo, vaya manera de dar las noticias. – Dicho eso Stefano se levantó corriendo detrás de Maddie quien le llevaba ventaja en su carrera hacia el mar, provocando las risas de ellas de nuevo.
-       Entonces hagamos el lanzamiento juntas ¿Qué opinas? Mi libro ya está terminado también por fin. – Propuso Jaquie. - ¿Qué sabes de Gaby? – Preguntó de pronto. – Ahora que hablamos de libros, recuerdo que ella estaba por publicar algo, eso antes de su reencuentro con León, claro.
-       Sé lo mismo que tú, después de la llamada que nos hizo hace dos meses al hospital, lo único que he sabido es lo que publican las revistas.
-       ¿Qué su matrimonio va viento en popa? Pura basura, quiero que me lo diga ella… Y claro, no puede por que él no le deja tener demasiado contacto con nosotras. Creo que tenemos que ir a ese país. – Sugirió Jaquie.
-       ¿A Durban? Eso es… una magnifica idea.
-       ¿Qué van a donde? – Escucharon la preocupada voz de Máximo.
-       No digas una palabra… - Le susurró Allison.
-       De compras. – Dijo Jaquie de inmediato.
-       Sí… claro. Allison, tú y mis bebes no van a ninguna parte, sabes bien que… - Empezó Max.
-       De compras querido, solo voy de compras.
-       ¿Por qué no te creo nada?- Gruñó Max.

Seis meses después…

-       Es hermoso ¿no crees? – Jaquie sostenía al pequeño Fabricio que tenía horas de nacido. – Se parece a Allyson.
-       Yo creo que se parece a Max. – Dijo Stefano.
-       Tiene de los dos. – Jaquie miraba embelesada al pequeño, que parecía un angelito. – Es tan precioso… - Al no escuchar a Stefano levantó la mirada y lo encontró observándola. - ¿Qué pasa?
-       ¿Estás bien? – Preguntó al fin con preocupación.
-       ¿Por qué no habría de estarlo? – Le preguntó confundida y enseguida recordó. – Soy feliz amor. – Le aseguró.
-       Sí, pero no podría soportar que no lo seas o sufras en silencio y no me digas, podemos adoptar si quieres. Lo sabes ¿verdad?
-       ¿Eso es lo que quieres?
-       Yo quiero lo que tú quieras. – Le dijo él con total convicción y el corazón de ella se inflamó de amor. El vivir a su lado sabiéndose amada era más de lo que jamás imaginó. Era inmensamente feliz con Stefano y Maddie.
-       Mientras no me sugieras alquilar un vientre. – Rió ante la idea. No era precisamente de su agrado ese método. Por ese medio había nacido Maddie y estaría eternamente agradecida a Sibia por ello, pero si se trataba de tener otro bebé ella prefería experimentarlo todo, como no se podía tampoco se afligía, pero ella optaba por seguir como estaban los tres únicamente. – Si Dios nos da un bebé será por el método normal. Estamos perfectamente bien los tres ¿no crees? ¿Quieres tú más bebes?
-       Te lo he dicho siempre, eres más de lo que soñé. Tú y Maddie son mi vida entera. – Dicho eso la besó con pasión. – Vámonos ya. – Le sugirió.
-       No seas impaciente… tenemos toda la noche por delante. Quiero estar con el bebé un poco más.
-       Sí, pero los padres quieren estar con él también. Vámonos… yo te necesito más que el bebé. – Eso provocó las risas de Jaquie.
-       No tienes remedio.
-       Más bien, nunca tengo suficiente de ti…
-       ¿Qué es eso…? – Dijo ella de pronto antes de que él la besara de nuevo.
-       ¿Qué?
-       Huele a… vainilla, flores… no se bien aún… ¿jazmín?
-       Aquí huele a hospital. – le dijo Stefano.
-       ¿Gaby? – Jaquie caminó aun con el bebé en brazos por el pasillo. Enseguida apareció Gabriela seguida de un hombre enorme que ella ya reconocía como uno de los guardaespaldas de su amiga. - ¡Oh por Dios! ¡Si eres tú! Sabía que eras tú. – Después de abrazarse y de darle el bebé ella le preguntó.
-       ¿Cómo sabías que era yo?
-       Te olfateó. Buenos días su alteza. -  Saludó Stefano.
-       ¿Podrías dejar de bromear con eso de los títulos? Ya sé que te divierte, pero me siento tan rara que tú, el esposo de Jaquie y amigo mío también me salude así.
-       No es broma, el saludo debe ser así. – Dijo él ocultando su diversión. – León me mataría si sabe que te falté el respeto.
-       Oh, basta ya. Es la cosita más linda del planeta. – Dijo Gabriela refiriéndose al bebé que tenía en los brazos.
-       ¿Verdad que si? – Dijo Jaquie, quien al sentir algo se giró hacia el guardaespaldas de Gabriela… - ¿Desde cuando usas perfume femenino? – Lo vio ponerse rojo. – No, no lo estás usando. Alguien se te acercó tanto que te dejó impregnado su aroma, ¿alguna novia? – El aludido se puso más rojo y murmurando algo, hizo una reverencia y se alejó a prudente distancia de ellos. 
-       Yo no olí nada. – Dijo Gaby sorprendida. - ¿Desde cuando sientes tan intensamente los aromas?
-       Cosa de unos días, no tengo la menor idea de por que. Ahora huele a claveles. – A los dos minutos entraron sendos arreglos florales de claveles a la habitación de Allison quien seguía durmiendo, y tenía a su lado a su inseparable esposo.
-       Empiezo a preocuparme. – Dijo Stefano. – O tienes un excelente olfato o eres una adivina.

Mientras Gabriela estaba con Ally, ella y Stefano llevaron a Máximo a comer algo a  la cafetería de la clínica, la comida era gourmet prácticamente, debido a lo exclusivo del lugar, pero aun así costó sacar a Max del lado de Ally. El mesero les llevó los menús, todo se veía delicioso, pero a ella no se le antojaba nada de lo que había.

-       ¿Has decidido? – Le preguntó Stefano.
-       Le pusiste mucho suavizante a tu ropa. – Le dijo al mesero. – Lo siento, el aroma me está dando dolor de cabeza.
-       ¿Segura que estás bien? – Preguntó Stefano.
-       Yo no siento el olor a suavizante. – Dijo Max con curiosidad. - ¿Cómo es que ella…?
-       No sé, no preguntes. – Respondió su primo.
-       Jugo de tomate, con mucho hielo, limón y sal. – Pidió ella poniéndose una servilleta en la nariz el olor a suavizante la tenía casi mareada, el mesero se apresuró a traer lo que habían pedido.
-       ¿Jugo de tomate, con mucho hielo? – Stefano la miró más preocupado.
-       ¿limón y sal? – Max también la miraba extrañado. – Juraría que…
-       ¿Qué? – Dijo ella respirando aliviada en cuanto el aroma se fue.
-       Nada.
-       Habla… - Pidió Stefano que casi llamaba un médico a juzgar por su mirada.
-       Nada. Solo me recordó los extraños antojos de Allyson.
-       Y como este no es el caso, tranquilos. Tan grandotes y tan fácil los puede una asustar.
-       Es que ustedes no son normales. – Refunfuñó Máximo.
-       Amén. – Confirmó Stefano.
-       Que graciositos. – Jaquie les sacó la lengua y enseguida empezó a ver todo fuera de foco. – Chicos… ¿Está temblando…? Si deduzco bien juzgando en base a sus miradas de preocupación y sobre todo la tuya amor, no está temblando ¿cierto? Bueno, ahora… todo empieza a… oscurecerse…
-       ¿Pero que tiene? – Stefano casi ponía al médico de cabeza para que le diera una respuesta inmediata. Jaquie estaba internada ya y no despertaba todavía.
-       Lo sabremos enseguida, no se preocupe.
-       ¿¡Que no me preocupe!? – Máximo lo detuvo cuando se le fue encima al médico que salió apresurado de la habitación. Veinte minutos después vieron asomarse al médico por la puerta, quien simplemente dijo desde su posición:
-       Todo bien. La señora espera un bebé. Felicidades. – Y desapareció dejando paralizados a los dos, estupefacto a él y sobre todo teniendo la sensación de que estaba soñando. Pasada la impresión inicial abrazó a Máximo dando un grito de alegría que despertó por fin a Jaquie.
-       ¿Qué pasa? – Murmuró soñolienta.
-       Los dejo. Felicidades. – Les dijo Máximo y antes de irse se acercó a darle un afectuoso beso en la frente a ella. Stefano ya estaba al lado de ella con una expresión absoluta de adoración.
-       Me empiezas a preocupar. – le dijo Jaquie.
-       No, no tienes por qué.
-       ¿Todo bien?
-       Sí.
-       ¿Podrías ser más específico? – Pidió ella.
-       No puedo, ahora mismo no puedo.
-       Voy a morir o algo así ¿verdad?
-       ¿Tendría esta cara de alegría si fuera así? – Le dijo de inmediato.
-       Cierto. Suéltalo ya o gritaré.
-       De todos modos gritarás.
-       Vas a ser mamá y yo voy a ser papá. – Le dijo con los ojos brillantes de emoción.
-       Creo que dijimos que no adoptaríamos ni nada por el estilo. – Dijo con el ceño fruncido.
-       ¡Estás embarazada!
-       Con esas cosas no se bromea. Es improbable.
-       Nunca te dijeron que era imposible ¡Vas a tener un bebé! – Insistió él.
-       No creo. – Dijo necia. Al ver su negativa corrió por el médico, lo trajo casi a rastras y lo puso frente a ella.
-       Dígale. – Exigió.
-       Señora: El mareo, el desmayo, su gran capacidad para percibir los aromas se debe a que está embarazada, unas seis semanas más o menos. Le pido, no, le suplico que considere tener a su bebé en otro lado, no creo que pueda sobrevivir a la presencia de su esposo si este…
-       Gracias. – Le dijo Stefano y lo sacó de la habitación. Jaquie empezó a reírse y a llorar todo al mismo tiempo. - ¿Ahora me crees? – Ella solo asintió. - ¿Otra vez te comió la lengua el ratón? ¿Me haces el favor de por lo menos decirme que estás loca de felicidad así como yo?
-       ¡¿No es obvio?! – Casi gritó ella. – Él la abrazó con fuerza al principio para luego detenerse y hacerlo con delicadeza.
-       Hoy no te lo he dicho ¿verdad? Te amo, con muchos bebés o solo con Maddie, eres lo mejor que me ha pasado, te amaré siempre, siempre…


THE END

11 comentarios:

  1. Gracias por compartirla sis...y sabes que espero más, una dulce y otra de una apuesta, entre otras muchas....besos te saragnheooooooo...

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    1. Si, avanzaré, lo prometo... besos tqmch

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  2. Que hermosa historia, la he amado de principio a fin, no le cambiaría nada. Me encantó la declaración de Stefano, fue única, amo a estos dos, y a Maddie, y a Allyson y a Max y a la pequeña Jacqi, gracias por darles vida. También me encanto Amargo recordar y algo me dice que amaré la historia de Gabriela (espero que mis sospechas sean ciertas...)Lamento ya no dar señales de vida, estoy a final de semestre y llena de trabajos y exámenes, espero que estén bien, me alegro de que Nata comience a publicar de nuevo.
    Saludo chicas!!

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    1. Gracias por leer Ashes!! La historia de Gabriela se supone que es para cerrar la trilogía (jaja) pero lamento decir que está en pausa (una muy grande) sin embargo espero retornar, abrazos!

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  3. Preciosa historia, me ha encantado. Con ilusión de leer la tercera parte. Pregunta jiji (ya se que es tarde y que deberia leerla primero, pero me di cuenta ahora que hay primera parte jiji):
    ¿me puedes decir como se llama la primera parte? Me imagino que es la historia de Allison y Maximo, pero no se como se llama.
    Muchos besos

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    1. Hola Yola, ¿como tas? la primera parte por asi decirlo es Amargo Recordar pero subi unos caps y luego mencionè que si alguien la queria completa me avisara para enviarla a su correo (me regañaron mis sisses por ello jeje) y la tercera sigue pausada, abrazossss

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    2. ¡¡¡Es verdad!!! No me acordaba jijiji. Vaya memoria mas mala tengo jajaja
      Gracias y besos

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  4. hola chicas, lo siento si hice trampa pero no lo pude evitaaarrr!!!! Estaba tan emocionada, intrigada, bueno me encanto tanto que no me pude resistir a esperar, espero sigas escribiendo por que lo haces estupendamente las 3 son estupendas escritoras. Les envio muchos saludos y besos alas 3

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    1. Gracias por tus palabras, me animan a continuar con la historia de Gaby, saludines Kriss.

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  5. Yo también me apunto a pedir la historia de Gabriela que me tiene muuuuuy intrigada. Yo no puedo leer por aquí tus capítulos Jey (me salen unos códigos?? no sé) pero estoy pendiente de releer la historia completita antes de leer más de la 3era historia. ¿Cuándo sigues? xD
    Besos!!

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    Respuestas
    1. Quizás te salen los codigos por que use el formato de word y no el de blogger, quizás sea eso pero estan en el grupo de Yahoo las dos historias y la de Gaby (ya sabes cuanto me gusta tu nombre jaja) tambien esta alli bueno, los caps que avancé, la deje a la pobre perdida en el desierto creo jaja... abrazos y gusto leerte.

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