viernes, 12 de agosto de 2011

El Dulce Sabor del amor 4




Una mujer que  para colmo de sus males no tenia pinta de ser solamente una chica bella de grandes atributos delanteros y cero cerebro. No, tenía la pinta de ser toda una ejecutiva, mujer poderosa vestida a la última y con ese aire de seguridad y arrogancia que cualquier revista de modas e incluso  de finanzas pediría para una portada. Suspiró derrotada. Lo mejor que podía hacer era poner tierra de por medio  y no volver a poner un pie en el edificio.


Ya se lo sacaría de la cabeza, cuando hicieran pedidos enviaría a Sally o a Walter dos de sus ayudantes. Pero ella ni loca buscaría contacto con cosa alguna que se lo recordara. Sin embargo lo propuesto por Joshua había sido demasiado tentador para ella. Le había pedido que se encargara de proporcionar los postres para la fiesta, nunca habían hecho algo parecido le había comentado, pero a su hermano le habían fascinado todos los postres que había probado de “Creaciones Apasionadas” y él mismo había dicho que seria otra manera de recompensar a los empleados que también se habían vuelto adictos. Ella cortésmente le había dicho: Gracias pero tengo demasiado trabajo y no puedo encargarme de ese evento con tan poco tiempo… se calló en cuanto oyó la cifra que le ofrecían. Su corazón a salvo valía más pensó y reuniendo todo su coraje se negó de nuevo.  Joshua no solo aumentó la cifra haciendo que quedara boquiabierta si no que había jugado su As.

-          ¿Sabes que entre nuestros invitados estarán presentes los dueños y editores de Kendall & Wallace? ¿Quién sabe? Si les gustan tus postres podrían pedirte que firmes con ellos para un libro. Si eso no cuaja contigo, lo entiendo. Pero, no olvides algo, entre nuestros invitados habrá muchísima gente importante poseedores de sus propias compañías, que notarían que Kensington te ha elegido, por que tienes que saber que solo los mejores trabajan con nosotros aun en cosas como la comida. Tus clientes podrían empezar a subir como la espuma, adquirirías fama, notoriedad y mucha clientela ¿puedes rechazar algo así?
-          No. – Dijo apenas en un murmullo.
-          Perfecto. – Sonrió complacido. – Este sábado a las 8 pm tienes que tener todo a punto, serán unas trescientas personas, en el salón Imperial del Hotel Hilton. – Dicho eso se alejó.
-          ¡¿Trescientas?! – Pero él no contestó pues atendió su teléfono en ese instante.
-          Sí. Ha costado mucho, me debes una enorme. – Oyó que decía pero sin prestar debida atención pues ya imaginaba lo que le esperaba, mucho trabajo y eso no le preocupaba demasiado, lo preocupante sería ver a Drake de nuevo. ¿pero que dices? Se reprendió también, ni siquiera lo vería pues estaría en las cocinas, pero si que se imaginaría lo bien que él se la estaría pasando con su novia-ejecutiva y eso dolería.


El estrepito de su hermoso cuenco cayendo la hizo volver al presente y corrió hacia la niña que aunque era una malvada seguía siendo una niña y se había asustado al ver volar los vidrios por todos lados y ver como un pequeño pedacito se encajaba en su mano haciendo correr un débil hilillo de sangre. Soltó chillidos aterrorizantes que asustaron a Candy pensando que había sido algo peor, al examinarla y ver que no era así suspiró de alivio y la llevó a lavar. Mientras le ponía la tirita Honey seguía sollozando.

-          No debiste haber hecho eso.  – La respuesta de Honey fue empezar a llorar de nuevo. – Ya, ya… olvídalo. No le diré a tu mamá si aceptas comer solo galletas de vainilla ¿de acuerdo? – La niña asintió con la cabeza aun emitiendo unos cuantos sollozos. - Vamos pues. Nosotras mismas las haremos ¿Qué te parece?

Quince minutos después Honey ya no lloraba.
Veinte minutos después Honey había descubierto lo divertido que era jugar con la harina.
Veintidós minutos después Honey había descubierto que era más divertido lanzársela a Candy y mucho mas divertido hacerlo a pesar de las advertencias de ella de que no lo hiciera.
Veinticinco minutos después Candy había decidido que no tenía mas remedio que iniciar la guerra y rebajarse al nivel de una cría de kínder. Todo por evitar pensar en lo que se le avecinaba por que ya puesta en ello ¿Qué tal que todo salía mal? Nunca había cocinado para trescientas personas, nunca lo había hecho sabiendo que quien lo pedía era, pues Él. Eso la ponía nerviosa, tensa y sin añadir el hecho de que los dueños de esa famosa casa editorial estarían allí y que  mientras ella sudaría la gota gorda el susodicho hombre de sus sueños y ahora también pesadillas estaría de lo más feliz con su modelo-ejecutiva.
Veintiséis minutos después tanto ella como Honey tenían aspectos de fantasmas por toda la harina sobre ellas.
Veintisiete minutos después, justo cuando iba a parar aquello, una conocidísima voz dijo con sorpresa.

-          ¡Dios santo! – Ella y Honey pararon al instante de lanzarse puñados de harina y voltearon al mismo tiempo, una con horror y la más pequeña con curiosidad.
-          ¿Qué hace aquí? – Preguntó Candy desesperada.
-          Quería conocer a quien hace los pastelillos y demás Creaciones Apasionadas – Repuso Drake tranquilo acercándose a la zona de batalla. Ambas seguían empuñando harina y con suma vergüenza Candy se dio cuenta que aun tenía la mano en alto lista para lanzar su cargamento cuando él dijo: Soy Suiza.
-          ¿Cómo? – Él señaló su mano.
-          Lo digo por  si decide que soy el enemigo y me ataca. Soy neutral. Suiza lo ha sido en las grandes Guerras ¿no? – Ella bajo enseguida la mano avergonzada y Honey aprovechó para descargar su proyectil ahora que tenía la ventaja, este aterrizó justo en la cabeza de ella.
-          Es tatataranieta de Hitler. – Gruñó Candy y él de pronto empezó a reír a carcajadas, la vergüenza y el shock le habían impedido  que su apariencia le trastornara aun mas que la situación en que la había descubierto, pero el caso era que al oírlo y verlo reír se había dado cuenta que era aun más guapo ¡pobre de mí! Gimió interiormente. La imagen de él en su lugar preferido, su cocina y riendo tan bello y tan tranquilo no se la sacaría de la cabeza nunca.
-          Puedo servir de mediador si usted quiere. – Se ofreció después de reír.
-          Adelante, pero le advierto que está a punto de hacer un trato con el Diablo.
-          Al menos lo intentaré.

Diez minutos después Honey hacia honor a su nombre y obedientemente seguía las indicaciones de Candy para preparar galletas siempre y cuando viera que Drake hacía lo mismo.

-          Encantador de serpientes y diablillos. –Masculló Candy.
-          ¿Cómo dice…?
-          Que hay que agregar la mantequilla.
-          Me pareció oír algo de serpientes y diablos.
-          Oyó mal. – Contestó sin levantar la vista de la masa para galletas mientras la amasaba con más fuerza de la necesaria. Tenerlo cerca siempre la ponía nerviosa pero daba el caso de que ahora estaba en su cocina y eso significaba que el nivel de turbación disminuía, ella era otra persona en la cocina solían decirle aquellos que la conocían bien, se alejaba de todo y todos, solía abstraerse por completo. En este caso no lo había logrado al cien por ciento, de pronto vio su reflejo en un recipiente de aluminio y dio un pequeño grito al ver lo desastrosa que estaba y eso que el reflejo no había sido fiel a la realidad. Drake y Honey se sobresaltaron al oírla gritar. – Ya vengo. – Dijo mientras corría al baño. - ¡Cielos, no! – Exclamó al verse, un fantasma no seria más blanco ni más lamentable que ella. Se sacudió la harina lo mejor que pudo y se lavó la cara y los brazos. La ropa registraba muchas manchas y se tuvo que quitar el delantal y la blusa para poder sacudirlos bien. Una vez que se vio medianamente presentable masculló unas cuantas maldiciones más y se preparó mentalmente para ir a la cocina y ver a Drake en ella.


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