viernes, 20 de julio de 2018

Noches En El Balcón 41

Justo se colocaba el jersey, cuando por el marco de la puerta, aparecían sus dos compañeros de clase.
- ¿Qué ocurre? –Preguntó Cesc, mirando por toda la habitación.
-Ya nada –Se encogió de hombros-. Había entrado una avispa, pero volvió a salir por la puerta del balcón.

-Me sorprende –intervino Carlota, yendo a sentarse nuevamente en el lecho-, que, conociendo tus prontos, le tengas miedo a una pequeña avispa.
-Muy graciosa –Le sacó la lengua, intentando no aparentar nervios, al ser la segunda persona del dormitorio, que sabía que en verdad allí eran cuatro en vez de tres-. ¿Qué os parece ir al comedor y mirar una película?
-Ni hablar –Refunfuñó la otra chica-. Ahora que tengo toda la atención de Cesc en mi ordenador, prefiero a no arriesgarme que luego se vuelva adicto a estudiar y no me instale nada más –Señaló con sonrisa traviesa, observando como el joven cogía un cojín mullido y se lo lanzaba con apenas fuerza.
-Éste favor, equivale a varios refrescos gratis –Demandó, sentándose también junto a la chica en la cama agarrando nuevamente el portátil de ella-. Ya veo que te aburre la informática –Rió el chico, para guiñarle un ojo seguidamente-. Cuando quieras, puedo darte algunas clases y verás el lado interesante de ella.

Y fue con el pitido de un mensaje en su móvil, que dio un pequeño respingo, no pasando desapercibido por su amiga, quien frunció por un segundo el ceño al no comprender su estado de agitación.
Tratando de sonreírle, para restarle importancia al susto, agarró su móvil de encima su escritorio, para descubrir un mensaje de Eric.
Allí, su mirada se achicó por instinto.
-No estoy muy seguro de que se haya referido a la informática, cuando dijo el lado divertido.
Solo supo gruñir, por las palabras de su vecino. ¿A qué venía ahora, ponerse en contra de su alumno?
Decidió responderle.
Te recuerdo que es el delegado de la clase por varios años. Feo, que, siendo su tutor, desconfíes de él.
Y justo al darle enviar, que tensó su espalda, esperando que el muy idiota hubiera quitado el sonido a su teléfono.
Con una gota de sudor, resbalándole por la espalda, esperó un par de segundos por si se descubría la situación.
Pero no, no hubo sonido alguno. El idiota a veces era listo, pensó con sarcasmo. 

JaJaJa Venga ya, yo también fui por muchos años el delegado de mi clase. No deja de ser un adolescente con las hormonas en fase de metamorfosis.
Y menos de treinta segundos, le llegó la respuesta de Eric, sacándole una risita leve, no observando como aumentaba la curiosidad de su amiga.
Te recuerdo que yo también lo soy
Le devolvió la respuesta, comenzando a relajarse un poco al ver que su vecino, no le quedaba más remedio que aceptar el quedarse allí, por un rato indescifrable.
Lo sé, lo sé muy bien JaJaJa Conozco tus facetas de demonio rojo y dulce tomate cherry. Mira como echarlos, porque empiezo a tener calor aquí entro. Y te recuerdo el examen, doña graciosa.

Nuevamente volvió a escapársele una sonrisa, al ver que, en cierto modo, podía torturar a su vecino por cómo había sido con ella, en la sala de enfermería.
-No decías que era a las diez... Pues aún te queda por delante una hora y pico
Escribió con sonrisa traviesa. Para cuando acabó alzó su mirada y se topó con la mirada de Cesc, puesta en ella. Mientras que Carlota, se había apoderado del portátil y trataba de manejarlo.
-Mi madre –Mintió sonrojándose un poco, mientras alzaba el teléfono.
-Seguro que no es tu novio –Preguntó éste con sonrisa pilla, llamando la atención completa de Carlota, y sin saberlo de Eric, dentro del armario ropero.
- ¡Qué! –Casi chilló, con las pulsaciones a mil por hora-. ¿Por qué dices eso? –Frunció el ceño.
-Por el chupetón que acabo de ver en tú cuello –Rió fuerte, al ver la cara de ella, al haberse olvidado de taparlo al cambiarse de jersey.
-Joder –Gruñó con enfado, mientras Carlota se reía a carcajadas con el chico y su móvil, volvía a pitar, causando que mirara, porque sabía muy bien de quién era.
-Ya te dije que me quedó muy bien, para que lo llevaras tapado, enana.


Que ganas de abrir las puertas del armario y meterse dentro, a darle un buen par de golpes. Pero no podía delatarlo. No sabía cuál, sería la reacción de su compañero de clase. De Carlota, no había problema alguno...
¿Y qué se suponía que debía explicar ahora?
¿Cómo se le hacía ver a una persona, que no tenías novio, aunque tuvieras un chupetón en el cuello?
Y ahí, sus amigas le dirían, que dijera lo que ellas hacían los fines de semana en la discoteca. Rollos de una tarde.
¡Pero ella no era así!
¡Mierda! Notaba como le hervía cada vez más la sangre, al ver como por culpa de Eric, volvía a verse en un embrollo.
-Bueno... -Sus mejillas se volvieron de forma violenta como los tomates-. No es que sea mi novio, más bien...
-Un viejo amigo que vino de visita –Rió divertido Cesc, guiñándole el ojo.
- ¡Eso, son cosas de chicas Cesc! –Intervino divertida su amiga, salvándole el pellejo-. No quieras saber tanto pillo. Tú dedícate a explicarme, porque a mí no me deja abrirlo –Soltó con puchero frustrado, pasándole nuevamente el portátil al joven.
Cesc, con diversión volteó los ojos al techo.
-Porque me lo arrancaste de las manos, sin dejarme ver como se había instalado al descargarlo –Rebufó, mientras fijaba la mirada en la pantalla, dejando libre a Yola de su sufrimiento.
Por unos segundos, cuando su móvil volvió a reclamar toda su atención.

-Muy mal pequeño demonio rojo. Le acabas de confirmar que tiene libertad para acercarse a ti.
¡En serio!
Tenía la poca vergüenza de replicarle aquello, cuando era el principal culpable de que hubiera sucedido aquello. Además, no creía que Cesc tuviera aquellas intenciones con ella.
¿O en verdad se sentía molesto?
¡Joder! No, no quería volver darle cuerda a su mente, por las estupideces de aquellas dos. Pero sí que era cierto, que su corazón sonaba diferente con aquel pensamiento.

Nunca se hubiese esperado, que a ella le pudiera suceder, el sentir sentimientos por una persona y que, a la vez otra, sintiera los mismos por ella. Si ya iba confusa con sus propios sentimientos hacia Eric, difícil tenía para manejar la amistad y algo más de otro amigo.
Que frustrante, el vivir el rechazo de su corazón y a la vez, el dar ésos mismos sentimientos a otra.
¡El enamoramiento adolescente era pedante!
Y hablando de enamoramiento... ¡No quería quedarse sola a las diez con Eric! Antes prefería suspender aquel examen, que volver a vivir lo mismo que había sucedido en su despacho cuando fue en su busca.
Allí, en su piso habría más intimidad. Nadie que los interrumpiera. 

-Andas muy callada
Pudo leer, en aquel instante de parte de Eric, que volvió a enviarle un nuevo mensaje. Recordándole, que en breve sus miedos se harían realidad. Estaría a solas con él.
Ahora, sí que su sistema nervioso volvía a necesitar de una bolsa de plástico para normalizar su respiración. Pero aquello, daría que pensar a los dos que estaban sentados en su cama, ajenos a su mente.
 No quería que las agujas del reloj avanzaran más.

Sus ojos fueron al armario y de allí a su cama, a sus amigos. Para con voz algo temblorosa, interrumpir su pequeña discusión ante la pantalla del ordenador.
- ¿Queréis quedaros a cenar? –Ofreció casi de forma atropellada, viendo como éstos alzaban sus ceños fruncidos por la pregunta repentina.
Pero como no, ellos no fueron los primeros en responder. Su móvil, pitó antes que sus neuronas pensaran una respuesta conjunta.
-Pequeño demonio rojo, no juegues que tienes las de perder. Te recuerdo, que sigo en tú armario, tú dormitorio, tú casa... Tú decides.

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