Con
cierto fastidio, observó como Eric descubría a su madre y se acercaba a ella,
para segundos después soltar su mochila de lona en la arena y extraer, su
toalla de playa.
¡Había
que tener mala suerte!
La
playa era grande, aún había gente… ¡Por qué tenía que encontrarlas a la
primera! Pues no pensaba moverse del agua, hasta que no fuera la hora de
marcharse a casa.
Determinó
con cierto enfurruñamiento, hundiendo su cuerpo hasta la barbilla, para
observarlos y no ser descubierta tan pronto.
Fue
entonces, cuando volvió a experimentar la misma sensación de vergüenza, cada
vez que su vecino se quedaba con la parte de arriba de su cuerpo al
descubierto.
Daba
lo mismo, que ella estuviera sumergida en agua fresca. Que aún así, podía notar
como la temperatura de su cuerpo, aumentaba unos grados.
Aquello,
comenzaba a ser un punto fastidioso que iba a tener que comenzar a controlar.
No
tenía porque sentirse avergonzada de ver a un chico semidesnudo, cuando era lo más
normal en ellos en la playa o piscina. Por muy buen cuerpo que tuviera éste o
resultara ser demasiado guapo.
¡No!
¡Demonios, una madre era una madre!
Soltó
en un gruñido, cuando observó a su madre señalar en donde se hallaba ella.
Obvio, que siempre tenían a sus cachorros controlados aunque fuera por el
rabillo del ojo.
Y ahora, Eric caminaba hacia allí.
No
quería tenerlo cerca y menos aún, tener que entablar conversación con él. Aún
necesitaba tiempo, hablar con sus amigas para saber cómo proceder. Pero por lo
que observaba, no iba a tener aquella buena suerte, cuando el joven ya tenía el
agua por la cintura y la mirada clavada en ella.
Miró
a izquierda y derecha… Nada. Solo agua y ni un alma, con quien tener la excusa
de arrimarse. Por lo tanto, no le quedaba más remedio que ser valiente y
actuar.
Actuar
como si fuera un día cualquiera y nunca se hubieran besado en el salón de su
casa.
¡Todo
pan comido!
Y
un cuerno, ni que fuera actriz y en casa tuviera un óscar, pensó con gran
sarcasmo y desespero.
¡OH
que bien! Un descanso de su mirada, cuando Eric comenzó a nadar a brazo. Pero
no iba a durar mucho, pues sus brazadas eran largas y fuertes. En resumen, unos
pocos segundos y estaría allí.
Cara
a cara y…
-Hola
pequeño demonio rojo –Saludó sonriente, mientras se apartaba el cabello de la
cara.
Momento
que aprovechó para abalanzarse sobre él y hundirlo bajo el agua, con bastante
ímpetu.
-Idiota…
-Masculló cuando éste se hallaba en el fondo-. Seguir utilizando ese maldito
apodo –Siguió gruñendo, mientras observaba como él salía a flote-. Mi nombre no
es ese –Lo riñó con mirada entrecerrada.
-Pues
ahora mismo te ha ido que ni pintado –Indicó divertido.
Solo
supo sacarle la lengua.
Para quedarse un rato en silencio los dos a
flote, con la mirada puesta en la gente de la playa.
-Lo
siento mucho Yola, pero mañana tendrás que ir tú sola al trabajo –Rompió el
silencio Eric-. Salgo hacia Alemania por una convención con unos pocos más.
Yola
se giró a mirarlo, hablando de forma atropellada.
-No
quiero que me veas como una obligación por trabajar los dos juntos, en el mismo
sitio.
Eric mostró media sonrisa con las
comisuras de sus labios.
-Cuántas
veces tengo que decirte que no me resultas ninguna obligación, eres mi amiga y
los amigos están para ayudarse y lo que haga falta.
-¿Vas
a estar mucho tiempo fuera?
Ante
aquella pregunta, Eric la miró con ojos brillantes de diversión.
-¿Me
vas a echar en falta? –En su voz se notaba cierta ilusión.
-Ni
en tus mejores pesadillas –Soltó con tono irónico y algunas carcajadas forzadas,
como método para ocultar sus verdaderos sentimientos-. Me preguntaba por tu
gatito ¿Lo vas a dejar sólo o acaso se lo dejas a alguien?
Eric
la miró por un momento en silencio, con ojos entrecerrados antes de susurrar
con cierto tono de sospecha.
-De
modo que sólo te preocupas por mi gato –Chascó la lengua-, a mí qué me zurzan,
con todo lo que ya me preocupo por ti.
Yola
abrió los ojos como platos, antes de hablar con cierto tono indignado.
-Tú
no te preocupas por mí, más bien haces todo lo posible por ser peor que un
grano en el culo.
-¿Perdona?
–Se rió divertido.
-La
mayoría de las veces te crees que eres mi niñera, cuando soy una chica a punto
de cumplir dieciséis años y soy más madura, que la mayoría de tus amigos –Señaló
indignada con tono de protesta.
-Eso
último no puedo discutírtelo –frunció las cejas-. ¿Pero a qué demonios viene
toda esta charla?
-No
lo sé, has empezado tu –Soltó en un quejido.
-Da
igual, dejémoslo estar –Resopló-. Había pensado dejárselo a mi abuelo Ferrán,
pero si quieres vigilarlo será mucho mejor. No se volverá loco con tanto cambio
al ser tan pequeño. Me haces un gran favor, Yola.
-Ahora
no te sientas obligado dejármelo –Señaló con cierto apuro y un pequeño tono
rosado en sus mejillas.
Eric
soltó una pequeña exclamación al aire, como el gruñido de un León, mostrando
así su desesperación por la actitud de la chica.
-Deja
de pensar tonterías, sabes perfectamente que confío en ti –Exhaló aire con cierta
fuerza-. Lo que me haces pensar, que tú de mí no tienes mucha confianza
todavía.
Las
mejillas de la chica se encendieron como bombillas, ante tan acertado
comentario.
-¿Salimos
del agua? –Sugirió el chico como punto de salvación, aceptando ella al momento
con un movimiento de cabeza.
-¡El
último en llegar invita a un helado! –Exclamó de repente con tono divertido
Yola, emprendiendo a nadar sin esperarlo.
Eric
sonrió moviendo la cabeza de lado a lado, antes de comenzar a nadar.
-Pequeño
demonio tramposo –Susurró algo más tranquilo y animado, al ver que la joven
presentaba la misma actitud, después de que se hubieran besado el día anterior
en su casa.
A
las cinco y media de la mañana, Yola apagaba su despertador. Para quedarse un
momento algo pensativa, mientras miraba el techo.
Jueves…
Pensó con cierto suspiro.
Cuatro
días, desde que Eric se había marchado y aún no había vuelto. Cuatro días,
desde que su madre también había tenido que salir corriendo de urgencias hacia
Gerona, porque su abuela se había caído y necesitaba que la operarán, para
ponerle una prótesis de cadera.
Cuatro
días, que había estado sola entre dos pisos. Salvándose por la cariñosa compañía
del gatito, porque si no se habría aburrido como una ostra.
Por
suerte, su abuela estaba bien. Pero necesitaba por unos días, tener a su madre
al lado. El único punto fastidioso de todo aquello, es que en verdad, sí que lo
echaba de menos.
Respecto
a su Madre y su Hermano, ya lo sabía de sobras. Pero lo sorprendente, fue ese
fuerte sentimiento que había despertado su vecino en ella.
Nada
tenía que ver, el que se hubieran besado como le decían sus amigas. Para nada
estaba de acuerdo, con la opinión de ellas. Era imposible que empezara albergar
ciertos sentimientos amorosos hacia Eric.
En
su opinión, todo se basaba en que había hecho fuertes lazos de amistad con él,
al tratarse de la primera persona que había conocido en aquella ciudad, además
de ayudarla tanto.
El
beso que se habían dado, era eso. Solo un beso.
Fue
un momento, donde los dos quisieron probar la curiosidad que sentían del uno
hacía el otro. Cómo hacían sus amigas al conocer a un chico guapo, un sábado en
la discoteca.
Tenía
que dejar de perder el tiempo, pensando en tonterías como aquella. Dejarlo todo
en el pasado, como una anécdota vivida.
Y
respecto al echar de menos a su vecino, era más que nada en parte por la
tranquilidad que tenía, sin nadie a su lado que estuviera chinchándola a cada
momento.
De
modo que con cierto ánimo infundado así misma, salió de la cama, se vistió y cogió
su bocadillo, preparado la noche anterior. Para bajar hacia la calle y
dirigirse a la parada del autobús.
Su
único fallo, fue no mirar por el balcón antes de salir a la calle. No había ni una
estrella en el cielo y de fondo, se escuchaba tronar de forma suave.
Ya
era demasiado tarde para volver atrás y coger un paraguas, porque perdería el
autobús llegando tarde al trabajo. Así que mejor rezaba, para que al final pudiera
llegar al trabajo sin mojarse.
-Oh
no…
Soltó
en un gemido, cuando el cielo se abrió con una enorme cortina de gotas gordas y
frías. Sin aún llegar el autobús y ninguna marquesina, para poder resguardarse.
-¡Genial!
Soltó
en un gruñido, ante la tan puntual tormenta de verano. Esperando no acabar resfriándose
por ello.
Viernes
y en la cama, con un maldito resfriado sin nadie que pudiera cuidarla.
Tenía
hambre, frío y dolor muscular. Pero estaba tan cansada, que ni fuerzas tenía de
abrir el armario y cogerse otra manta.
Su
único movimiento, había sido el escribir un mensaje a Elisabeth, avisándola de que
faltaría al trabajo.
Ojalá
fuera buena samaritana y se acercara a verla, cuando finalizara su turno. Pero
tampoco sabía, si tendría suficientes fuerzas para levantarse y abrirle la
puerta.
Así
que mejor se quedaba acurrucada la cama, intentando volver a coger sueño y
tratando de sudar lo máximo posible, para recuperarse lo más pronto.
***
Tenía
que ser un sueño. No podía ser otra cosa… No se creía que Eric hubiera llegado,
se hubiera agachado a su lado para acariciarle la mejilla con cierto cariño y darle
medicamentos. Acabando después tumbado a su lado y rodearla con sus brazos.
Ohhhhhh de nuevo ese final...¿en serio? ¿en serio? amo las tormentas más si te dejan con el chico de tus sueños en tu cama!!
ResponderEliminarbesos cielo y esperando más...:!!!
yo adoro las tormentas, con chico o sin chico.
EliminarPues un buen chocolate, el sofá y una lectura más que adecuada... jejejeje
Me da que con todas las historias digo el mismo comentario jajaja, pero la verdad de la verdad es que me he quedado sin palabras y mas como terminó el capítulo jajaja.
ResponderEliminarSi ya sé que está malita la pobre Yola jijiji, pero que Eric la abrazara uuuufff eso fue muy muy romántico jijiji aunque acabe el malito también jijiji.
Gracias EJ, muchos besos
De nada Yola.
EliminarY hay que ver lo pillina que eres con eso de, si el tambien lo pilla jejejje
Intentaré semana entrante un nuevo capi. Muchos besos a ti y tu hermana.
A quien debo ponerme al dia por entero con sus historias y mi querido vampiro.
Aich... Para ti el policia jejejeje