jueves, 20 de febrero de 2014

Becaria Pueblerina 10

Se hallaban las chicas casi a mitad del desayuno, cuando el sonido de una llamada entrante del móvil de Clarise, irrumpió la charla amena que estaban manteniendo todas.

Con desgana, alargó el brazo y extrajo el aparato del bolsillo de su abrigo, para soltar un quejido centrando la atención de todas en ella.


-¡OH, dios! –Soltó con gran fastidio-. ¿Y ahora qué diantres quiere?

-¿Quién es? –Preguntó Marta.

-¿Quién crees tú? –Soltó con consternación, mientras dudaba si presionar el botón de entrada.

-No se lo cojas –Replicó una risueña Sabrina-. Sabe que estamos aquí desayunando.

-Cuélgale –Rió en apoyo Marta-. Así captará el mensaje.

Anne, soltó una fuerte carcajada tras ver aquel juego entre la las chicas por la llamada de su jefe.

-Ahora entiendo, el cambio efectuado en Karolaine –Señaló Anne.

-Supongo que culparas a Thom –Indicó con sorna Susan-. Es obvio, que él tiene la culpa por ser el jefe que es.

-Ya está –Interrumpió entre medias Clarise-.  He colgado –Sonrió divertida, para al momento volver a poner otra mueca de fastidio-. ¡Joder! –Gruñó-. Vuelve a ser él.

-No se lo cojas -Le dijo una Marta con los ojos entrecerrados-. Éste hombre, solo quiere fastidiarnos un poco por no dejarle venir con nosotras a desayunar.

-¿Entonces, le cuelgo nuevamente? -Dudó un poco Clarise con el aparato vibrando entre sus dedos finos.

-Sí -Respondieron todas al unísono.

-¡Colgado! -Señaló, dejando el aparato encima de la mesa con cierta dejadez en el movimiento.

Solo fueron tres segundos, que estuvieron en silencio con la mirada clavada encima de la mesa, por si volvían a ver iluminarse el aparato al tiempo que emitía sonido. Cuando dieron cierto brinco en sus sillas, sorprendidas aquella vez por una música diferente y con volumen más alto.

Seguramente era otra vez Thom. Pero aquella vez, estaba probando con Susan.

-¿Se lo vas a coger? -Preguntó con cierta ansiedad Clarise, al ver como lo buscaba en su bolso.

-No sé si es él, o Zack -Habló buscándolo por los compartimentos-. Es él... -Soltó con fastidio, para descolgarlo y responder en tono alegre y haciéndose la despistada-. ¡Hola jefe!

Todas se rieron ante el tono de su compañera, sabiendo que iban a ver como jugaba con el hombre.

-¿Clarise? Sí, se encuentra aquí  -Y acto seguido, activó el manos libres-. Pero en ningún momento ha sonado su móvil.

Pronto, escucharon los acostumbrados gruñidos del hombre.


-¡A mí no me tratéis como un idiota! -Exclamó el hombre enfadado-. Su teléfono, no ha sonado en su escritorio para nada. Y es más, me ha colgado dos veces la llamada.

Clarise, ante la insistencia de ver que era la nueva victima del hombre no aguantó más sin decir nada.

-¡Porque eres un pesado! -Lo acusó la aludida-. Ahora me estás haciendo la vida imposible a mí.
Thom soltó una risotada.

-Me estáis escuchando todas -Afirmó, al escuchar la protesta de su trabajadora y la afirmación de sus compañeras-. Os juro, que me dan ganas de despediros al momento.

-Atrévete -Intervino Marta graciosa.

-Malditas insolentes -Gruñó este por lo bajo-. Ya hablaremos un día ya… -Soltó intentando que sonara a amenaza, aún sabiendo que no lo tomaban en serio-. Quiero a Clarise aquí en un minuto -Cambió veloz de tema y dando aquella orden de sopetón.

-Está desayunando –Volvió a intervenir Marta defendiendo a su compañera y sacando de quicio a su jefe.

-Mira niña, hazme un favor y vete a tocar las narices a los de comisiones obreras -Masculló el hombre, ante su doverman-. Y tú, ven aquí en cinco minutos –Se dirigió hacia su nueva victima-. Ramón te está esperando.

-¡OH! -Exclamaron todas, al ver la razón de aquella llamada y sabiendo cuales eran las intenciones de su jefe con ellos dos.

-Pues que espere sentadito -Soltó indignada Clarise sin salir de su asombro por la resolución del hombre-. Aún me quedan veinte minutos de mi tiempo de desayuno.

-Tienes que firmarle por un paquete... -Dijo Thom resoplando.

Clarise frunció el ceño, adelantando nuevamente su cuerpo para responder cuando se le adelantó Sabrina.

-Pues fírmale tú -Ordenó la chica-. Que yo sepa, no eres tonto –Dijo no pudiendo evitar que todas se rieran por ello.

-¡Malditas mujeres! ¿Acaso estáis todas con el periodo, para que estéis mordiéndome todo el rato? -Se atrevió a soltar, sabiendo que con aquello aún las enfadaría más.

Y no tardaron mucho en responder ante su actitud.

-¡Serás burro! -Soltó Sabrina-. Te la estás jugando Thom.

-Éste quiere que su mujer se quede viuda -Amenazó Marta.

-¡Veis como estáis con la regla! -Se rió el hombre chinchándolas aún más- Estáis muy sensibles queridas, no sabéis aguantar una broma.

-¡Vete al cuerno Thom! -Ladró Clarise indignada y con mal humor, al ver las intenciones de su jefe.

-¡Y tú conmigo preciosa! -Se rió-. Pero sube, dado que es un paquete personal y debes firmarlo tú, no es para la empresa.

 -Atiende tú a Ramón, no tengo ganas de ver a ese idiota prepotente. Aunque sea personal, no se necesita mi firma.

Todas soltaron un gemido de sorpresa, por el repentino atrevimiento de su amiga.

-¡Ya te dije que tienes que subir tu! –Gruñó por ver como no se doblegaba ante sus órdenes como tampoco lo hacían las demás-. Viene certificado.

-Puedes decirme, a nombre de quien viene –Se interesó frunciendo el ceño por tanto misterio.

-¡Y yo qué carajo se! -Farfulló de sopetón-. Sube tú y lo miras... No soy tu criado, soy tu jefe.

-¡Mátalo! -Interrumpió Marta enfadada, ante el ataque de rebeldía que estaba sufriendo su jefe-. Sino, lo haré yo.

-Pienso decirle todo esto a Helen -Amenazó Sabrina.

-No creo que me haga nada -Se pavoneó jovial-. Soy su amado esposo.

Marta volvió a intervenir con una carcajada sarcástica.

-Por muy poco -Interrumpió-. En unos minutos, pasaras a ser su amado difunto esposo. Deja que termine mi desayuno y suba arriba.

-A ti, el matrimonio no te sienta muy bien Marta -Volvió a reírse-. Veo, que te vuelve más agresiva ¿Marcus no te complace, apaciguando tu furia interna?

Todo el grupo de chicas soltó pequeñas exclamaciones.

-Te recuerdo, que aquí tu eres el más viejo de todos negrero. Ya le pediste a Papa Noel, la cajita de viagra -Soltó con burla.

-Mejor me callo, no quiero dejarte en ridículo –Rió sin molestarse en absoluto por las pullas de la joven.

-Presuntuoso -Le soltó ella divertida.

-Sube Clarise –Ordenó, dejando a un lado la conversación con Marta-. Y espero que trates mejor a Ramón, que a mí.

-¡Vete al diablo! -Y alargando la mano por encima de la mesa, colgó totalmente furiosa el aparato-. Maldito metomentodo.

-No dejes que te enfade -Le recomendó Sabrina-. Eso es lo que él está buscando.

-Pues que fastidie a otra –Gruñó-. Me tiene harta con el tema de Ramón -Soltó poniéndose de pie y abrochándose su abrigo-. Como suba y me lo encuentre ahora mismo junto a Ramón, para tocarme las narices os juro que le reviento la nariz.

-Expira y respira... Expira y respira... -Indicó Anne con tono calmado.

-¿Y ahora qué te pasa? –Preguntó con mofa-. Acaso te ha pedido Karolaine que nos des tú sus consejos -Se metió la chica con su compañera de trabajo, a causa de la rabia que portaba encima desde hacia unos días.

-¡Oye! -Se rió Anne-. Solo trataba de ayudarte. Ya veo que es nombrar a Ramón y te subes por las paredes –Le devolvió la pulla con humor.

-¡Iros al cuerno también vosotras! -Soltó pero con una sonrisa, y dándose la vuelta-. Ahora me invitáis al desayuno, por ser tan listas -Les sacó la lengua y desapareció con cierto apresuramiento en las piernas.

***

Una planta más, y las puertas del ascensor se abrirían en su puesto de trabajo. Donde hallaría a Ramón esperándola, con lo que fuera que tenía para ella. ¿Qué diantres sería? ¿Quién le mandaba algo por mensajería privada? Lo veía raro al no tener novio que la llenase de regalos.

Soltó un profundo suspiro y avanzó un paso, para posicionarse enfrente de las puertas. Reconociendo, que meses atrás aquel nerviosismo no existía en su cuerpo a escala tan alta. Antes, cuando Susan era libre ella podía ser más descuidada. Ahora, su amiga estaba casada y el idiota de Thom, se había dado cuenta de que el presuntuoso no le pasaba del todo desapercibido, como intentaba aparentar delante de toda la oficina. ¿Lo que no lograba comprender, es cómo diantres lo había podido saber él?

¿Tanto se le notaba? Pero si siempre tenía un trato borde con el chico.

Además, no creía que se interesara en ella. No era una belleza como su amiga. Más bien pertenecía al grupo de las normalitas. Estatura media, cabello castaño liso por los hombros y sus medidas  eran normales. Se miró en el reflejo de las puertas de aluminio. Bueno, le faltaría un poco más de pecho para poder lucir bonitos escotes. En definitiva, era una chica normal y corriente como tantas en las calles de Londres.

Las puertas se abrieron y sí, delante de su escritorio se hallaban los dos hombres. Thom, sentado en una esquina y Ramón, delante de él. Pudo observar que éstos dos se llevaban bien.

¿No era cierto aquel dicho que dios los criaba y ellos se juntaban? Solo había que mirar a los dos pavos reales, riéndose seguramente de sus estupideces.

 Con los nervios un poco alterados, se acercó a ellos.

-Si me rompes la mesa, quiero una de último modelo -Habló, nada más llegar mirando un segundo al motorista a la cara, para después volver a dirigirse a su peor pesadilla en los últimos días.

-Desde luego, hoy estáis todas un pelín quisquillosas  -Soltó con sonrisa torcida su jefe poniéndose en pie.

-Yo creo que Clarise, siempre esta así de quisquillosa -Señaló el otro hombre con voz sexy y mirada divertida.

-Acaso yo voy por ahí diciendo que tu eres un maldito presuntuoso -Le reprochó con mirada furibunda-. Pues tú no eres nadie, para ir por ahí diciendo que soy una borde. ¿Qué puñetas sabrás tú de mí? Y sí lo soy contigo, te aguantas.

-Ei, ei... -Levantó Ramón las manos en signo de defensa-. Solo estaba bromeando bonita.Indicó con cierta mirada recelosa.

-Pues ten cuidado en el momento que lo haces -Le recalcó aún enfadada-. Y no me llames bonita –Dio un paso hacia él-. ¿Qué traes para mí?

Ante el tenso ambiente, su jefe intentó suavizar la cosa.

-Clarise, que solo estábamos bromeando -Los defendió-. No te enfades.

-Te juro, que porque tengo un buen sueldo –Resopló-. Si no, ya me habrías perdido de vista -Indicó rabiosa.

Los dos hombres, abrieron los ojos ante aquella amenaza.

-¡Pero bueno, porque me amenazáis todas con lo mismo! –Se rascó la cabeza con gesto nervioso-. Ni que fuera un jefe sátiro.

-¡Pero un pelmazo de cuidado metomentodo sí! -Le reprochó, sin querer mirar a su derecha sabiendo que Ramón no había dejado de observarla detenidamente-. Y ya sabes por donde voy -Apretó los labios cogiendo valor para encarar al motorista-. ¿Y bien? –Inquirió adelantando hacia él una mano.

-Toma -Le soltó con sequedad, mientras se agachaba y sacaba de su mochila una pequeña caja y un sobre-. Son dos paquetes. Cada uno  de un remitente diferente, así que firma en dos casillas.

-Me voy dentro de mi despacho Ramón, no quiero salir herido –Le guiñó un ojo Thom con la calara intención de dejarlos unos segundos solos-. Nos vamos viendo.

-No sé, ya veré…-Medio sonrió-. Como sigan tratándome así de mal, envío a otro muchacho a que os reparta lo vuestro -Soltó sin más, provocando que ella levantara la mirada tras firmar y lo mirara a los ojos. Sin poder descubrir si era cierto aquello que él decía.

-¡Veis lo que conseguís chicas! –La culpó medio riéndose Thom-. Anda, coge a Ramón y le invitas a un cortado en el bar, dado que te hemos interrumpido el desayuno.

Clarise se puso tensa de repente ante aquella estocada.

-¿Perdona? –Lo miró entre sorprendida y enfadada,  por aquella trampa tendida.

-Ya me has oído –Se acercó a ella sujetándola por los hombros-. Llévate a Ramón a tomar un café, que seguro que le va bien con el frío que hace.

Ramón, miró a la cara a Clarise para descubrir como ésta miraba con ganas de matar a su jefe.

-No te preocupes Thom –rió el otro-. Me gusta venir aquí por todo el lío que tenéis, es divertido –Se alzó de hombros-. Y no hace falta que obligues a la chica  -Le guiñó un ojo a ella, quien solo supo mirarlo de la misma manera que a su jefe-. Me gustaría que confirmaras que todo es correcto, para saber que no tengo que volver a recoger estos dos paquetes por error.

-Un segundo que lo compruebo -Abrió primero la caja pequeña, al reconocer que el remitente era su madre. Sonrió un momento, al ver que su madre le enviaba  una bufanda hecha a mano por ella misma-. Este es de mi madre  -Comentó al tiempo, que lo dejaba encima de la mesa, y se disponía abrir el sobre. Primero lo miró bien por afuera  y no vio ningún nombre. Confusa lo abrió con dedos inseguros,  para proferir una pequeña exclamación al ver lo que contenía, atrayendo enseguida la atención de los dos hombres.

-¿Qué ocurre? –Preguntó Thom.

-Es una nota… Anónima… -Dijo a media voz, enseñándosela.

-Me eh cruzado contigo y no eh podido evitar el fijarme en ti… Me gustaría conocerte… Firmado anónimo… -Leyó Thom-. ¿Tienes un admirador secreto? –Le preguntó con el ceño fruncido.

-Ahora que me entero  -Dijo sorprendida, al tiempo que guardaba la nota en el sobre otra vez.

-¿Tú sabes quién ha podido ser? –Le preguntó Thom a Ramón, quien también tenía el ceño fruncido y no le quitaba la vista de encima a la joven.

-Voy a intentar averiguarlo.  Lo más normal, es que mis trabajadores sepan de quien son los envíos –Chascó la lengua-. A mí tampoco me hace mucha gracia, hoy hay mucho loco suelto.

-Pienso igual que tú –Soltó Thom con media sonrisa.

-Chicos, será alguien gastando alguna broma –Los calmó Clarise-. Yo no le voy a dar ninguna importancia. Y si no me necesitáis para nada más, me voy a trabajar –Comunicó yendo a sentarse en su escritorio.

-¿No te da cosa? –Le preguntó Ramón.

-No –Lo miró por encima del hombro-. Estamos en Londres, puede pasar cualquier cosa. Y es más, también puede enamorarse alguien a primera vista de mí –Soltó con tono quisquilloso, bajando la mirada al teclado.

-Estaré al tanto, por si se repite algo más como esto y empieza a ser raro  -Intervino Thom-. Si viene algún paquete más para ella, quiero que me llames.

-De acuerdo, pero tampoco creo que sea para preocuparse –Intentó calmar a su amigo.


-Me da igual, me gusta estar al tanto de lo que ocurre aquí –Dijo poco antes de desaparecer también. 

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