viernes, 2 de agosto de 2013

Agencia Maridos a domicilio - Cap 1


Aquella mañana , Francesca llegó un poco más tarde de lo acostumbrado a las oficinas de la agencia, había tenido un percance con el auto en el camino, pero aún así era la primera en llegar.
Entró y recorrió el lugar, su madre que siempre trabajaba a su lado ocupando el rol de secretaria pero ahora estaba de viaje con un grupo de amigas. Por otro lado su hermana estaba estudiando en la Universidad y sólo ayudaba en la agencia en época de vacaciones.
Los empleados no habían llegado, así que estaba sola.

Recorrió la sala de reuniones, donde se reunían los empleados, luego el depósito donde se almacenaban herramientas, repuestos y enseres necesarios para el trabajo.
Finalmente fue a su propia oficina, preparó un café, encendió la PC y se sentó un rato a disfrutar de la tranquilidad, apenas llegaran los muchachos y empezaran a llamar las clientas, aquello se volvería un hormiguero. Revisó la agenda del día y se puso a programar algunas citas.
Apenas un rato después , los “maridos de alquiler” empezaron a llegar.
-Jefa, ¿tienes una mancha de grasa en la frente? – fue lo primero que pregunto Iván al entrar, era uno de los empleados más recientes y se dedicaba al arreglo de computadoras y aspectos técnicos de la informática.
-Sí , es una mancha de grasa, ¿el auto?- la cuestionó otro hombre que acababa de llegar y observaba cuidadosamente a Francesca. Era el mecánico del grupo.
-Sí, tuve que cambiarle una llanta – respondió Francesca y buscó un espejo en el cajón de su escritorio para limpiarse la mancha.
-Pudiste llamarnos por ayuda, te haríamos un buen precio – bromeó el mecánico, Vincent, con ella. Era un hombre mayor y alguna vez, Francesca había pensado que era un buen candidato para su madre pero ella le había dejado muy en claro que sólo había amado a un hombre en su vida, y que aunque ya no estuviera junto a ellas, seguía estando en su corazón, por siempre.  Lo entendía, su padre había sido el mejor, era imposible olvidarlo.
-Sabes que nuestra Jefa no necesita nuestra ayuda, ella puede con todo…- acotó Mike, plomero y electricista de la Agencia.
Francesca sonrió ante el comentario, pero muy en su interior pensó que eso no era verdad, se había vuelto autosuficiente por la fuerza, no porque lo quisiera. Y tristemente, ya no sabía pedir ayuda, había aprendido que frente a ciertas situaciones uno estaba completamente solo en la vida y que era mejor depender solo de uno. No era que no necesitara ayuda, sólo que ya no recordaba lo que era contar con alguien en quien apoyarse.
Como cada vez que reflexionaba sobre ello, algo se estrujaba dentro de ella, algo le dolía dentro.
-¡Bueno muchachos, a trabajar! Tenemos un día agitado – dijo ella para despejar el ambiente y sobre todo para distraerse a sí misma e impedir que su pensamiento recorriera las viejas heridas que llevaba.
-¿Y los demás? – preguntó Ivan , casi como si los hubiera conjurado otros cuatro hombres llegaron a la oficina y Francesca empezó a asignarles sus clientas del día. El teléfono no paraba de sonar.
-Creo que necesitaríamos una secretaria temporal, ¿no te parece jefa? – preguntó uno de ellos.
-Lo pensaré, ¿nadie ha visto a Tobías? – preguntó extrañada de que no llegara aún.
-Aquí estoy – dijo el hombre asomando la cabeza - ¿Podemos hablar?- le preguntó a Francesca y ella lo notó inusualmente serio, más de lo acostumbrado.
-Pasa- dijo ella y los demás salieron para ir a atender a sus clientas.
-¿Sucede algo ?- preguntó Francesca. Y él le pasó un sobre.
-Es mi renuncia…
-¿Tu qué? ¿Por qué?- preguntó mientras leía la carta de renuncia. Era algo completamente inesperado, Tobías hacía tareas múltiples para la agencia, sabía de construcción y de todo un poco, así que era muy solicitado para el mantenimiento de casas. Siempre había sido serio y responsable. No entendía qué sucedía. El hombre suspiró como si le costara hablar.
-Es que me enamoré de una de nuestras clientas …-le explicó sin mirarla a los ojos yeso la sorprendió aún más, del último de sus empelados que hubiera esperado una falta así.
-¿Cómo es posible? Tú…
-No tienes que preocuparte, ella no lo sabe y no he hecho nada indebido que dañe a la Agencia…quizá ni siquiera me corresponda.
-No entiendo…¿quién?
-La Sra. Apleton, ¿la recuerdas? Está sola con sus dos niños, y he ido muchas veces a su casa …nunca ha pasado nada como ya te dije, pero viendo como lucha por sacar adelante a sus pequeños hijos, el esfuerzo diario, lo sola que está y como siempre es amable y dulce…me enamoré de ella. Jamás dañaría a la Agencia ni a ti, por eso quiero renunciar. No aún, pero quiero probar más adelante, intentar ganarme su corazón y estar a su lado. Me gustaría poder acompañarla, ser su apoyo. Los niños me encantan y sus hijos son niños increíbles, sería un buen padre para ellos.
-No esperaba esto, pero si es lo que has decidido, tendré que aceptar tu renuncia. ¿Verdad?. Pero, ¿estás seguro?. Sé que puedes conseguir otro trabajo, pero abandonar algo por un futuro incierto, ni siquiera sabes qué va a suceder…
-Lo sé, jefa. Pero me enamoré, lo siento aquí dentro, que ella es la indicada – dijo tocándose el pecho- así que tengo que intentarlo. Es la única forma en que no me arrepentiré…sin importar cómo resulte.
-Espero que resulte, de verdad que sí. Sé que eres un buen hombre y si te acepta, la harás feliz. Pero lamento perderte…Los muchachos…
-Si no te importa, mañana quisiera decirles, cumpliré con los compromisos que ya tenemos tomados y te daré el tiempo que necesites.
-Gracias, y gracias por tu honestidad.- dijo ella , aunque no lo admitiera estaba un poco conmovía. Sabía que era un  buen hombre.
-Gracias a ti, Jefa. Ha sido magnifico trabajar contigo todo este tiempo….eres mucho más joven que yo, y no sabía que esperar cuando acepté este trabajo, pero he llegado a admirarte, como todos nosotros, eres una gran mujer Francesca Meadow y la mejor Jefa.- le dijo con una sonrisa tímida.
-Y yo no sabía que pudieras ser tan ladino, te has vuelto un adulador ahora que te marchas – contestó ella devolviendo la sonrisa – Vete a trabajar, voy a exprimirte mientras estés aquí.
-¡Sí jefa! – contestó haciéndole la venia.
Cuando él salió de la oficina, Francesca suspiró…su auto roto, un buen empleado que renunciaba, iba a ser un día muy agitado..Podía presentirlo.





3 comentarios:

  1. ME estas matando de impaciencia. Como será nuestro protagonista. Quien, como se conocerán...

    AH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Te quiero mi nata

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    Respuestas
    1. Yo también te quiero mucho, lo sabes...¿Y si te dijera que yo tampoco lo sé?

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  2. Siempre me sabe a poco, quiero más. Gracias por este nuevo capítulo mi Nata y esperando con ansiedad saber lo que sucederá. Un abrazo.

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