sábado, 21 de abril de 2012

Rechazo al Amor.- 6


Diciembre; A una semana para Navidad.
-Veo que te has aprendido muy bien su horario –Acusó Patrice a Alex, sentada en el salón mientras hojeaba la televisión.
-No sé qué me quieres decir –Se hizo el loco sirviéndose una galleta de chocolate de la bandeja que tenía ella, y yendo a la cocina a prepararse un café.
-Hacerte el tonto no te va a servir de nada –Le gritó ella desde el salón-. Bueno, yo creo que en este último mes que ha transcurrido no te has topado con ella, más veces que los dedos que tengo en una mano. Y esos encuentros, han sido apenas siete segundos… Justo lo que tardas en coger tu abrigo y salir por la puerta principal.
-Una vez más Patrice, no se ha que te refieres –Se sentó cerca de ella con su café.
-Alex, tu comportamiento de este mes ha causado un gran cambio en mi querida amiga –Lo acusó enfadada.
-Mi comportamiento es el mismo querida –volvió a coger una galleta, pero en su cara se reflejaba un poco de amargor-. Es solo que da casualidad, que mi tiempo libre coincida con el tuyo.
-¡Y un cuerno! Si te digo la verdad, he llegado a conocer a muchos créticos en mi joven edad… Pero ahora mismo tú te llevas el primer premio –El hombre no decía nada, simplemente estaba allí tomándose su café en silencio-. Si al final has descubierto que ella no te interesa, perfecto. Pero no crees que te pasas mucho al repudiarla de esa forma de tu vida… Eso que hiciste, de no hablarle de un día para otro no se hace. Ni siquiera bailaste con ella en la boda de Peter, estuvisteis cada uno en un rincón de la casa de ellos. Desde luego, hicisteis sufrir un poco a la pareja de novios. Tal vez, quieras pedirnos que nos mudemos… Que ese es otro punto… A lo mejor ni lo tienes que pedir, porque puede que sea Julia quien te de la noticia de que nos mudamos –Ahí sí que consiguió que Alex la mirara-. A mí no es que me haga mucha ilusión –Señaló con cierto agobio-. Pero se trata de mi amiga, y haré por ella lo que sea… Este último mes, digamos que no ha sido la reina de la felicidad, y hay quien se está aprovechando de ello.
-¿Qué quieres decir? –Frunció el entrecejo Alex.
-Se llama Jacob y tiene veinte y tres años. Es un chico muy popular en la universidad, que va dos cursos por delante de nosotras. La verdad, es que casi desde principios de curso que va tras ella, pero siempre le ha dado largas… Menos ahora.
-¿Qué quieres que haga yo, Patrice? –Soltó con cierto sarcasmo-. No soy su perro guardián, y es adulta para irse con quien ella quiera.
-¿De verdad quieres perderla? –Preguntó totalmente incrédula-. Me parece muy fuerte… -Se levantó del sofá-. Pensé que te importaba mucho más de lo que estas mostrando… -Y dicho aquello, salió enfadada dirección  a su dormitorio.
¡Claro que le importaba! Llevaba un mes de duro tormento al evitarla por completo y no cruzar ni una palabra con ella. Pero tras escuchar la conversación que habían mantenido los dos hermanos aquel día, había comprendido que ella necesitaba tempo y vivir la vida… Eran de edades muy diferentes. No era justo que la atara tan pronto a una relación, aquello sería cortarle las alas. Todo podía resultar que estando con él, lo abandonara al darse cuenta de que le faltaban experiencias por vivir. Entonces, él quedaría más destrozado de lo que ya estaba…
El ruido de un trueno, hizo que se levantara del sofá y se acercara a mirar por la terraza. Afuera en la calle se estaba levantando un aire muy desagradable, era el preludio a la tormenta que iba a caer en pocos minutos. Miró su reloj de pulsera. A Julia le quedaban unos veinte minutos para terminar las clases por aquel día. Y aunque estuviera cerca de allí, estaba seguro que la joven no había cogido ningún paraguas. ¿Y qué más daba? Se riñó así mismo. En media hora, él había quedado para ir al teatro con una vieja amiga. Aunque seguro que lo llamaba para anularlo al ver el cambio que estaba dando el día… Verdaderamente le estaba dando muchas vueltas aquello, y era prácticamente lo que no tenía que hacer…
Su teléfono móvil comenzó a sonar en su bolsillo. No se había equivocado para nada, cuando un minuto después  colgaba tras haber sido anulada la velada de aquella noche. Volvió a mirar por la terraza, para comprobar que las primeras gotas empezaban a caer, siendo seguidas por las demás con mayor fuerza. Era imposible ir por la calle con un paraguas y tratar de no mojarte, con la fuerza que soplaba el viento… ¡Qué hacía buscando todo el rato excusas para sí mismo! Quería ir a buscarla, y es lo que iba hacer… Totalmente decidido cogió las llaves del mueble del comedor y ya en la entrada, agarró su abrigo y un paraguas negro.
-Me va a resultar imposible llegar a casa sin mojarme – Se quejó con gran fastidio Julia, saliendo a la entrada principal de la universidad-. Ni aunque me hubiera traído el paraguas…
-Yo sí traje uno –Señaló Jacob sacándolo de su maleta-. Pero no creo que sirva de nada hasta tu piso… Y hace frío… Vente al mío, que está a una calle y media hasta que mejore el tiempo.
-No sé…
-Aquí solo vas a pasar frío –Intentó convencerla el joven.
-Muchas gracias, pero no va hacer falta –Irrumpió de repente Alex, apareciendo por un lateral y dejando muda a la chica-. Ya me encargo de llevarla sana y salva a ésta damisela.
-¿Y usted es? –Preguntó desconfiado y con cara de fastidio el joven.
-Alex –Le alargó una mano por educación-. Soy…
-Sí, ya sé quién es… -Dijo sin disimular su poco agrado-. ¿Te vienes conmigo Julia?
¡Vaya! Se rió Alex en silencio al comprobar lo que Patrice le había dicho de aquel Jacob. El chico iba a por todas y estaba claro, que durante aquel mes había tenido vía libre. Ahora entendía a Patrice, como no podía tragar muy bien aquel chico. Era un creído y sabiondo de la vida. No, aquel chico no le convenía a Julia.
¿Alex? ¿De verdad que estaba él allí debajo de aquel diluvio con un paraguas? No eran alucinaciones suyas… ¿Pero por qué estaba allí? ¿Después de un mes, sin apenas verse ni cruzarse un par de palabras, era capaz de aparecerse allí sin ningún motivo en particular y como si no ocurriera nada entre ellos? No podía ser, algo malo tenía que haber ocurrido…
-¿Están todos bien? –Preguntó con temor ante su respuesta.
-Sí –Respondió él, comprendiendo la pregunta de la joven. Se pensaba que algo debía haber ocurrido, para que él se pasara por allí a recogerla-. Acababa de llegar a casa, cuando vi que seguramente no tenías paraguas, y que igualmente podrías acabar calada hasta los huesos y caer mala en la cama. Hoy hace mucho frío, y tiene pinta de nevar de un día para otro. ¿Entonces te vienes conmigo a casa, o te vas con tu amigo y ya volverás más tarde?
-Voy contigo –Respondió aún embelesada por tenerlo allí delante de ella como un caballero de armadura blanca-. Nos vemos mañana Jacob, gracias por explicarme ese ejercicio…
-Claro, aquí me tienes para lo que haga falta –Y acto seguido sin que la joven se lo esperara, le dio un beso un tanto prolongado en la mejilla.
-Mmm… Sí, claro –Se sonrojó y molestó Julia.
-Vamos, que parece que ahora no sopla tanto el viento –La apresuró Alex, pasándole un brazo por encima de los hombros y así aproximarla al máximo posible a él, para que estuviera bajo el cobijo del pequeño paraguas.
No hizo falta que se lo pidiera dos veces. Completamente hipnotizada se había dejado abrazar por su fuerte brazo, para poder aspirar su olor al quedar su nariz tan cerca de su clavícula. Aquel perfume por más que lo había intentado, no había podido olvidarlo. Se sentía tan bien así. ¿Cuántas noches se había quedado dormida soñando con un momento como aquel? Todas… No quería saber el motivo del porque estaba él allí. Le daba igual, solo quería tener muchos momentos como aquel junto a él.
-¡Cuidado! –Exclamó él por encima del viento y la lluvia, cuando llegaron a una esquina y allí el viento les dio un fuerte azote arrancándole el paraguas de las manos y llevándoselo lejos de ellos-. ¡Dios! –Se rió el hombre contagiándola a ella.
-¡HA! –Rió Julia-. Está helada el agua…
-¡Rápido! Mi coche está ahí… -Diez metros bajo el agua que caía, hizo que llegaran al interior del vehículo completamente empapados pero sin dejar de reírse-. Al final vas a llegar igualmente mojada… -Observó él mientras veía como la joven se apartaba el cabello mojado del rostro y cuello.
-No pasa nada –Le agradeció riéndose pero también bastante cohibida por aquel cambio tan repentino-. Me gusta que hayas venido a buscarme –Se atrevió a decir, sin saber si él se enfadaría.
-Y a mí –La miró a los ojos-. Y no sabes lo mucho que me ha costado llegar hasta aquí. Pero ahora, mejor vayamos a darnos una ducha de agua bien caliente… -Sugirió con manos temblorosas, al tiempo que arrancaba el coche veloz para no acercarse a ella y acariciarla como su cuerpo le estaba reclamando.
Cuando llegaron al piso, si Patrice se sorprendió de verlos llegar a los dos juntos, riéndose y completamente empapados no lo demostró. Simplemente se ofreció ayudarlos con la ropa sucia y hacerles un buen chocolate caliente para que entraran en calor rápido.
Ya llevaba un rato bajo el chorro caliente de agua y analizando la aparición de Alex en su universidad, cuando escuchó un par de toques en la puerta del baño.
-¿Sí? –Preguntó con el corazón a mil por hora.
-Soy yo Julia… -Dijo la voz de Alex.
-Dame un minuto y salgo… -Pidió con los nervios a flor de piel.
-Quiero saber si me dejas entrar, prometo no mirar… -Pidió el hombre con voz calmada, pero poniéndola aún  más nerviosa a ella.
¿Qué debía hacer? ¿Qué era tan importante que no podía esperar a que ella acabara y saliera de la ducha? Ahora mismo solo escuchaba el latido de su corazón que iba  a mil por hora.
-Claro… Pasa… -Y se quedó allí quieta, viendo como este entraba y hacía lo prometido, no la miraba  a ella.
-Siento mucho esto, pero debo marcharme. Acabo de recibir una llamada importante de Asia… -Aquello la desilusionó al momento-.  No sé cuánto tiempo voy a estar fuera, porque debería acompañarme tu hermano, pero como Olivia está en un punto delicado de su embarazo no quiero alejarlo de ella. Sé que te debo muchas disculpas y explicaciones… Pero no va a poder ser esta vez… No sé cuándo volveremos a vernos, pero me gustaría tener tu permiso para poder llamarte de vez en cuando…
-Sí –Dijo con tono triste y provocando que el hombre rompiera su promesa y se diera la vuelta  a mirarla a los ojos.
-Ha sido un mes muy duro pequeña mía… Sé que no lo hice nada bien, pero tras escucharte hablar aquel día con tu hermano…-Dio un paso adelante, quedándose apenas a veinte centímetros de ella-. ¡Mierda, solo tengo media hora para llegar al avión y con este tiempo debería salir ya! –Vociferó con rabia-. Tengo a Patrice haciéndome la maleta, para poder hablar contigo… Julia, solo quiero que me escuches todo este tiempo que te llame estando fuera… Pero cuando llegue, querré una respuesta a todas esas llamadas… ¿Lo comprendes? –La miró con pasión a los ojos.
-Sí –Respondió en un hilo de voz cohibida.
-Adiós pequeña –Alargó un brazo para agarrarla y atraerla hasta él y así darle un beso corto pero intenso en los labios-. Nos vemos en unos meses.

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