viernes, 20 de enero de 2012

Email Erroneo, Penultisimo Capitulo


“12:48 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea

Para: Rose.marquetin@monrouge-gmail.com

Asunto: Vestíbulo

Esconde tus orejas, pues te vas a llevar un buen rapapolvo.
Dos minutos y apagando el ordenador. Te espero delante de la puerta giratoria, pero dentro del edificio que hace frío.
No vuelvas a desaparecer.
Andrea.

“13:00 horas, oficina norte planta 8ª”
Rose

Para: Andrea.coordinadora@monrouge-gmail.com

Asunto: Rw: Vestíbulo

Si quieres que vaya de compras a por tu súper vestido, compórtate.
Ordenador apagado y esperando al ascensor. Tengo hambre, increíble.
Nada de comer pasto para caballos. Y no te preocupes, habrá tiempo de tu vestido.
Rose.

El timbre de la llegada del ascensor, hizo que bloqueara su móvil, para después alzar la mirada hacia el interior del aparato, quedándose un poco sorprendida. Los cinco hombres que iban dentro, sonrieron ante su turbación. Todos los ocupantes, iban apoyados con sus espaldas en las paredes de éste. Ninguno se hallaba en el centro del aparato. Y no le extrañaba… En medio de éste había colgando una enorme rama de muérdago, adornada con un flamante lazo rojo. Justo en aquel instante, su móvil pitó con la entrada de un nuevo email.

-¿Entras? –Preguntó uno, bloqueando el cierre de la puerta.

-Sí… -Se sonrojó entrando en el interior y evitando el dichoso ramillete, teniendo que rozar a todo aquel que estaba allí, para poder llegar al fondo del aparato sin haber estado en ningún instante debajo de éste. Después con la mirada baja, se dispuso a leer el email en aquel silencio un tanto incomodo.


“13:04 horas; oficina norte planta 5ª”
Andrea

Para: Rose.marquetin@monrouge-gmail.com

Asunto: Ascensor!!!!!

No sabía que el departamento de decoración estuviera inundado de bromistas.
¡Ten cuidado en el ascensor! No me di cuenta, y me puse debajo del muérdago que han colocado.
Tuve suerte de que fuera el señor Harper, jefe de mantenimiento quien me diera el beso y en la mejilla. Llega a ser otro y prueba mi bolso mortal. Que hoy llevo uno grande y cargado… Jejeje.
Andrea.

Ante aquellas palabras no pudo esconder la sonrisa que le vino al rostro. Para aumentarla más, cuando en la tercera planta el ascensor se volvió a detener para recoger a más personas. Quienes también se quedaron a lo primero algo confusas ante lo que tenían delante suyo.

-Bueno… -Habló la mujer mayor que iba detrás del todo del grupo, mientras se colaba entre ellos y accedía la primera-. Si todos tenéis miedo… Ya me pongo yo debajo –Se alzó de hombros-. A mí edad, una ya esta curada de espantos.

-Venga aquí preciosa –Rió uno de los hombres jóvenes, rodeándola por sus hombros y besándole en la mejilla-. Feliz Navidad.

-Gracias hijo –Se sonrojó un poco la mujer-. Hay que ver que tontas sois las jovencitas de hoy en día… -Comentó con buen humor, consiguiendo que llegaran al vestíbulo envueltos todos en risas.

Aún sonriendo se acercó a la puerta giratoria, donde se hallaba Andrea esperándola mientras miraba su móvil. Sin darse cuenta que se había vuelto a posicionar casi debajo de otra rama de muérdago. ¿Pero quien había sido el gracioso de gastar aquella broma aquel año?

-Así que te han besado… -Bromeó cuando llegó a su lado.

-Sí –Alzó la mirada del móvil con gesto de fastidio-. Suerte que estaba el pobre hombre allí, ya me veía a Thom de informática encima mío con aquella gran oportunidad. ¿Tú no tuviste incidentes?

-Hubo broma con ello, pero tuve suerte… -Sonrió un poco-. Primero me pido comer, que tengo hambre.

-No nos dará tiempo –Hizo puchero con los labios la otra chica.

-Que sí tonta –Se anudó bien la bufanda, para salir al frío de la calle-. Nos compramos en Jeffrey’s un buen bocadillo y…

-Me apunto –Interrumpió una voz masculina muy conocida por ellas dos-. Mi estomago esta protestando…

-No creo que haya ningún problema Jean-Claude… -Sonrió Rose girándose al alto hombre-. ¿Verdad Andrea?

-No… No… Bueno –Se puso un tanto nerviosa-…. Será tiempo justo, pero…

-¿Qué tenéis menos tiempo para comer? –Preguntó mirando a la joven completamente azorada.

-No lo creo, tienen tres horas como muchos de aquí… -Interrumpió una voz nueva que no le hizo ninguna gracia a Rose.

-Hola Andreas –Saludo el otro hombre-. Se van a comer a Jeffrey’s un buen bocadillo, yo me apunto. ¿Tú que vas hacer?

-Bueno, pues…

-No creo que su paladar esté acostumbrado a esos sabores –Gruñó por lo bajo Rose, mientras que observaba como su amiga alzaba los ojos al cielo con cierto pesar.

-¿Qué le ocurre a mí paladar? –Rió-. Creo que tu también eres de buena cuna… -Alzó una ceja.

-Cierto –Lo miró con prepotencia-. Pero resulta que no soy igual que tu, a suerte mía…

-Y no sabes lo mucho que me alegro de ello –Le guiñó un ojo provocando que todos rieran menos ella.

-¿Qué has querido decir? –Frunció el ceño al tiempo que llevaba sus manos a la cintura, en señal de que comenzaba a enfadarse.

-Vamos Rose –Suspiró su amiga, dando un paso al lado para indicarle que se marcharan-. Solo están bromando. No te enfades en el día de noche buena.

-Si yo no me enfado –Dijo con pesar-. ¿Y acaso ocurre algo por enfadarse uno en el día de hoy?

-Hoy, empieza la magia de navidad –Habló Jean-Paul-. Son días que deben estar envueltos de alegría y amor.

-Otro enamorado de la navidad –Gruñó por lo bajo ella-. Harías muy buena pareja con Andrea –Sonrió divertida-. A ella le encantan todas las tradiciones de estos días. Estoy segura, que es la única del edificio que le ha visto el lado bueno a todo el muérdago que hay colgado por el edificio… Sino, mira como se ha vuelto a posicionar debajo de una rama –Rió ante la sorpresa de la chica al ver con horror que era cierto-. ¿Nadie hace nada? –Alzó una ceja en dirección a los hombres, provocando que Andrea aún abriera más los ojos al tiempo que se sonrojaba al máximo.

-¿Qué quieres que hagan? –Dijo entre dientes su amiga, al tiempo que la miraba con chispas en los ojos-. Será mejor que vayamos marchan… -Se apagaron sus palabras cuando Jean-Paul impulsado por Andreas, atrapó los labios de la sonrojada chica en un beso contenido de pasión.

Había sido todo muy rápido. Pero había visto como los dos hombres se miraban y el imbécil de Andreas, le guiñaba un ojo a su amigo poco antes de darle un suave empujón hacía donde estaba su amiga. Una vez que sus labios se separaron con cierta incertidumbre, había sido ella quien había notado un fuerte tirón de su brazo, para ser introducida en la puerta giratoria. Volviendo a notar otro tirón aún más brusco, elevándolas un momento al aire y luego haciendo que cayeran de un golpe seco al suelo.

Soltaron un fuerte quejido ante sus huesos doloridos, sin comprender que había ocurrido para encontrarse las dos tiradas en el suelo mirando al techo de la puerta, como si hubieran recibido un fuerte placaje.

-¡Estáis bien! –Escuchó como preguntó Jean-Claude un tanto nervioso.

-Dios… -Gimió incorporándose un poco Rose-. ¿Qué ha pasado? –Se giró a mirar a una sonrojada Andrea.

-Te dije que hoy mi bolso podía resultar mortal –Soltó medio avergonzada y ocultando una sonrisa.

-¿Tu bolso? –Frunció el ceño, al tiempo que miraba atrás y veía como efectivamente la puerta giratoria estaba atascada por el enorme bolso de su amiga. Dentro estaba la cinta y afuera el resto… Era obvio que habían pasado demasiado tarde por el hueco-. Vaya, se libra Thom de él pero no nosotras –Comenzó a reírse a carcajada Rose, no notando como era observada atentamente por Andreas con un brillo divertido en sus ojos.

-¿Si me dejáis soltarle la cinta, creo que la puerta volverá andar? –Pidió Jean-Claude riéndose.

-Vale –Aceptaron incorporándose del suelo al tiempo que soltaban algún gemido a causa del fuerte impacto que se habían dado.

No le había quedado más remedio, que aceptar que el idiota de Andreas fuera con ellos a comer un bocadillo. Se lo debía a Andrea… Bueno no, después del dolor que tenía ahora en la rabadilla de su trasero a causa de su bolso asesino. Esa pensaba cobrársela algún día… Pero valía la pena. Y además, de algo había servido todo aquel muérdago desperdigado por el edificio. Aquellos dos se habían sentado juntos y parecía que había cierta conexión entre ellos después de aquel robado beso. Se alegraba por su amiga y además, hacían muy buena pareja.

-Hacen buena pareja… -Susurró Andreas cerca de su oído, a decir verdad, demasiado cerca para su sistema nervioso-. Ahora va ha resultar que soy Cupido –Soltó una pequeña risa.

-¿Cómo? –Se giró a mirarlo de forma escrutadora al tiempo que lo comprendía todo-. ¡Has sido tú! –No pudo evitar exclamar, logrando que la parejita de tortolitos les prestara atención.

-¿Qué hiciste ya, amigo? –Preguntó un Jean-Claude visiblemente feliz.

-Ordenar que colgaran el suficiente muérdago por todo el edificio –Admitió riéndose a carcajada al ver la cara de los dos que estaban enfrente de él.

-Vaya… -Susurró Andrea no pudiendo evitar el sonrojarse un poco al recordar el beso de su acompañante.

-Muy buena idea –Lo felicitó Jean-Claude, pasando su brazo por encima de los hombros de la chica.

-Difiero en ello –Habló Rose con cierto fastidio-. Me gustaría saber el resultado final del día, en el recuento de ojos morados y personas felices por esa decoración estúpida.

-De momento va ganando personas felices –Soltó un sonriente Jean-Claude.

-¡Ha! –Se rió con cierto sarcasmo Rose-. A Andrea la ha besado el jefe de mantenimiento en la mejilla, pero ella no estaba muy contenta…

-Bueno yo… -Protestó la joven sonrojada.

-Pobrecita, hoy a sido una mañana un tanto rara –Le dijo con cariño Jean-Claude acariciándole la mejilla.

-Tenemos un empate entonces –Rio Andreas.

-Nada de eso –Lo miró con jactancia ella-. Te recuerdo la caída que hemos sufrido las dos a causa también de tus ramilletes.

-Rose no seas así –Protestó su amiga veloz-. Y Andreas tiene razón, hay un empate… -Soltó un poco nerviosa, ante la mirada asesina de su amiga por apoyar al hombre-. Me dijiste que en el ascensor había habido un buen momento de risas a causa del muérdago.

-Traidora –Masculló entre un rechinar de dientes, provocando la risa de los dos hombres.

-Entonces vamos dos a dos –Señaló Andreas.- Hoy en la fiesta de la empresa, si quieres podemos poner una pizarra en donde ponga bofetadas y en otra besos aceptados. Al finalizar la noche, veremos quien gana.

-Eso es de niños –Protestó no muy segura de aceptar.

-Cobarde –La atacó él risueño.

-No vas a picarme Andreas –Habló empleando mucha seguridad, cuando en verdad era toda fingida.

-No lo veo mal, si en verdad apostáis algo –Volvió a meter la pata Jean-Claude.

-No pienso prestarme a nada en donde éste simio participe –Se quejó Rose, provocando que el otro hombre riera ante la comparación que había utilizado para su amigo.

-¡Rose! –Se alarmó su amiga ante su comportamiento.

-Me apuesto una velada romántica conmigo –Sugirió Andreas con un brillo curioso en la mirada-. En donde recibirás un beso mío si yo gano.

-Ni en mis últimos segundos de vida, pasaría una velada romántica contigo –Escupió con rabia-. Y menos dejar que me beses –Sus miradas chocaban entre aquellas palabras.

-Te prometo que no tendrás queja alguna de mis besos –Siguió mirándola fijamente-. No soy ningún pulpo baboso como tantos otros.

Callada. No se atrevió a decir nada por unos largos segundos, ante el juego de palabras que había soltado él. Por que sabía perfectamente, que por su tono aquello había sido como una especie de provocación o prueba. Miró un momento a su amiga, y vio que ésta también tenía el ceño fruncido.

¡Oh dios mío! De repente abrió sus ojos como platos. Él lo sabía. Él había leído el email… Tenía que salir de allí. Sí, eso era…

-¡El vestido! –Exclamó de repente, provocando que todos dieran un pequeño brinco en la silla por tan repentina exclamación-. Mira que hora es –Habló dirigiéndose a su amiga-. Como no vayamos ya, se nos hará tarde para encontrar un vestido para esta noche… -Se levantó de la silla y en menos que cantaba un gallo, se abrochó su abrigo.

-Es verdad… -Dijo nerviosa Andrea-. Habíamos quedado en un principio para ello –Miró un momento a Jean-Claude, pidiéndole disculpas por tan pronta marcha.

-No ocurre nada preciosa –Le guiñó este un ojo-. Luego me paso por tu departamento, nosotros invitamos a la comida.

-Gracias –Sonrió con dulzura Andrea, para ser de pronto arrastrada hacia la puerta.

-Gracias chicos –Se despidió Rose sin mirar atrás.

-Hasta luego, Rose… –Dijo en plan amenaza Andreas con tono seductor.

Cuando ya llevaban media calle lejos del bar, fue Andrea quien dio un pequeño tirón de su brazo para poder soltarse de la mano de su amiga que aún la tenía sujeta con demasiada fuerza.

-¡Hay me estas matando! –Se quejó mientras se frotaba la zona dolorida y la miraba con el ceño fruncido.

-Lo siento –Resopló desesperada, emprendiendo la marcha a un paso más relajado nada comparado al estado que estaban sus nervios-. ¿Pero has visto eso, verdad?

-Creo que sí –Señaló con cierta duda-. Pero también podía estar refiriéndose al tema en general. Normalmente se suele utilizar esa característica mucho… -Intentó utilizar como excusa.

-No lo creo… Creo que el muy canalla ha leído mi email desde el móvil. No caímos en ese punto… Sabes que en el ordenador no queda marcado como leído… Dios, volvamos al edificio ha entregar mi baja voluntaria…

-Ni hablar –Se plantó con los brazos cruzadas y mirada seria-. No voy a dejar que hagas esa estupidez.

-Que más da, si ya cometí una esta mañana –Se alzó de hombros con mirada perdida-. Míralo por el lado positivo. Tengo suficientes conocimientos y trabajo a demostrar, para poder progresar en otra empresa lejos de aquí… Podría ser en Italia… No, Italia no… Que queda cerca de Grecia y éste viaja mucho allí de vacaciones.

-Quieres parar de decir tantas estupideces –Soltó su amiga sulfurada-. Deja de ser cobarde y afróntalo de una vez.

-Para ti hoy resulta todo muy fácil, dado que ahora mismo estas en una nube de felicidad… -Sonrió un poco dentro de su amargor-. Que por cierto, felicidades por el triunfo con Jean-Claude.

-Gracias –Sonrió de oreja a oreja-. Quien lo iba a decir, él y yo… Ves como la vida da muchos giros inesperados –Le dijo mirándola con cierta expectación-. Acepta que aún sigues enamorada de él. Y no juzgues aún si él lo sabe o no… Espérate a que el día toque su fin.

-No lo se Andrea –Dijo con duda-. Hay algo en él, que me pone nerviosa…

-Ya sabes lo que es tonta –Rió su amiga-. Y ahora, deja de pensar en ello y vayamos a mirar ropa. Por que tu también vas a mirarte algo para esta noche, a mi no me dejas sola. Y sabes que tus padres y hermano también acudirán a la fiesta. No puedes negarte el asistir.

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