viernes, 21 de diciembre de 2012

Desde las sombras 3°



A Claire le dolía mucho la cabeza, en los días anteriores había hablado con sus colegas, con el director del hospital y con todos lo que conocía sin obtener resultado alguno. Nadie quería ayudarla, incluso unos pacientes con los que había hablado sobre las verdaderas causas de su enfermedad, se habían asustado y le habían dicho que no querían denunciar a nadie. Que sólo les diera medicación.
No sabía qué hacer, por un lado sabía que debía buscar una solución, resguardar a las personas que le confiaban su salud día a día. Además , para ella las cosas o estaban bien o mal, y que aquella fábrica contaminara estaba mal. No había excusa.
Pero si decidía seguir adelante, significaba que tendría que enfrentarse con Lucian y no creía estar preparada para eso.
La última vez que lo había visto, había sido cuando le había dicho aquellas horribles cosas y la había dejado, luego él no había vuelto a aparecer en la escuela así que jamás lo había visto de nuevo.Y ahora reaparecía de esta manera, sabía muy bien que si luchaba contra él iba a dolerle, era la persona que más daño le había hecho. A pesar que ya no era una niña, no se animaba a reflotar las viejas heridas.
Y tampoco estaba segura de querer verlo, menos aún si era la persona que le habían descripto.
Aún cuando todo  entre ellos había acabado tan mal, aún cuando el amor de él había sido una mentira,  en lo más profundo de sí guardaba el recuerdo del chico que le había hecho el desayuno y le había sonreído una lejana mañana.
Si denunciaba a la empresa Gladius, si enfrentaba al poderoso Lucian Crow, aquel recuerdo se destruiría para siempre.
También tenía mucho miedo, ¿cuánto de ella perdería esta vez?

Su secretaria le había informado que una doctora del hospital público había pedido una cita con él, que necesitaba discutir sobre un problema con las fábricas y les había enviado un informe para ponerlos al tanto.
Lucian había estado a punto de ignorar el asunto hasta que la secretaria había mencionado el nombre de dicha mujer. Era Claire Wild, aunque sabía que había regresado a la ciudad no había esperado encontrarse con ella, pero allí estaba, pidiendo  verlo.
Leyó el informe y se dio cuenta que era un asunto grave, hablaba de contaminación y enfermedades causadas a la población de Mavide , aquello iba a traer problemas. Le pidió a su secretaria que se comunicara con Claire y le diera una cita para verlo. Iba a tener que arreglar aquello antes que se les fuera de las manos.
Tras mucho golpear puertas, Claire había conseguido el teléfono de la oficina de Lucian y milagrosamente había obtenido una cita, luego había enviado una copia del informe al mail de la empresa esperando llamar su atención.
Ahora caminaba por el pasillo hacia donde le había indicado la secretaria.
A pesar de que día a día recorría el hospital,  nunca le había resultado tan tétrico como aquel lugar, estaba inquieta y sentía frío. Sus pasos resonaban en el silencio y tenía el pecho apretado como si algo la aplastara, entonces pensó que se debía a que un fantasma iba con ella.
Casi pudo verla, a su lado iba la chica de dieciocho años que había sido, y estaba aterrada de volver a ver a Lucian.
Llegó a la puerta y se detuvo ,incluso aquella puerta de madera oscura la intimidaba, no era únicamente la puerta de la oficina sino la de su propio pasado y estaba a punto de abrirla. Una vez que entrara no habría vuelta  atrás.
Cerró los ojos un momento y a su mente vinieron imágenes de los niños enfermos que había atendido, luego apareció su propio rostro adolescente como si le diera fuerzas, como si la animara. Había recorrido un largo camino, uno de años, para llegar allí, tenía que ser valiente.
Abrió la puerta y entró.
El hombre que estaba tras el escritorio era un extraño.
Hablaba por teléfono en otro idioma, sorprendentemente parecía ser chino, y apenas levantó la mirada al verla entrar.
En esa fugaz mirada, Claire reconoció los ojos pero no la expresión que reflejaban. Seguían siendo de color verde oscurísimo, como la profundidad de un bosque, incluso podían confundirse con castaños, pero ella sabía que eran verdes. Sin embargo, no expresaban nada. Por lo demás, era  totalmente desconocido.
Terminó la conversación y la miró.
-¿Qué la trae aquí? – preguntó sin dar signos de reconocerla y la mujer se sintió desconcertada por su voz profunda, autoritaria y su  distante actitud. No había esperado aquello, ni siquiera sabía que había esperado, pero no que la tratara como si jamás la hubiese visto en su vida. ¿Acaso ella también había cambiado tanto?
-Yo vine a hablarle por la contaminación de su fábrica metalúrgica, tenía una cita con usted…-atinó a decir usando el mismo formalismo que él.
-Lo sé, por eso la dejaron entrar. A lo que me refiero es qué es lo que pretende al venir a verme – preguntó con brusquedad y una vez más sintió que era un desconocido. Aquel hombre tenía el cabello oscuro, los ojos verdes y el atractivo del Lucian Crow veinteañero, pero no quedaba nada más. Tuvo que recordarse a sí misma la razón por la que había ido.
-Si me invita a sentarme, le explico – dijo intentando sonar segura y él hizo un gesto con la mano invitándola a sentarse.
Se sentó frente a él y estar tan cerca la impactó, aunque apenas la miraba porque jugaba con su bolígrafo y su mirada estaba los papeles que tenía apilados frente a sí. Se sintió intimidada por él, estaba vestido con ropa carísima e impecable, pero de alguna manera proyectaba un salvajismo que la asustaba, o tal vez era el recuerdo de su último encuentro lo que la inquietaba.
En aquella ocasión él había gritado y actuado bruscamente, ahora estaba siendo excesivamente civilizado y controlado, pero la sensación que le causaba era la misma.
-No tengo mucho tiempo, sea breve. La escucho.- dijo de pronto y ella reaccionó.
- Hemos tenido muchos pacientes con los mismos síntomas últimamente, eso me llamó la atención y empecé a investigar. Todos ellos habitan cerca del río en un perímetro relativamente cercano a su fábrica. Tomé una muestra de agua…
-¿Lo hizo usted personalmente? – preguntó con un cierto sarcasmo que Claire ignoró.
-Cuando analizamos las muestras se descubrió que está contaminada con cromo, plomo y químicos varios. Le envié copia de los análisis en el informe, también lo cotejamos con los estudios de los pacientes y no hay duda de que los desechos de su fábrica están provocando sus dolencias.
-¿Y? – preguntó él de nuevo y aquello la sacó de quicio.
-Su fábrica está enfermando a la gente, tiene que hacer algo.
-¿Es una experta para asegurar eso?
-Los datos no mienten.- respondió inquieta.
-Podría estar equivocada, ¿verdad? Las causas de las enfermedades podrían ser muchas, no puede acusarnos.
-Estamos hablando de vidas humanas y también del medio ambiente, no puede desentenderse.- le respondió indignada.
-Estamos hablando de negocios. Y no puedo considerar como prueba concluyente el estudio hecho por una doctora que se mete donde no la llaman y que ni siquiera es experta en el tema. Esto es algo serio, señorita.- le dijo serenamente y ella perdió cualquier esperanza de obtener cooperación de aquel hombre. Descubrió que sí había algo en común con el pasado, Lucian seguía siendo un desalmado.
No tenía más opción que presentar batalla.
-Si quiere expertos, puedo conseguirlos y dirán lo mismo que yo. La verdad no puede ocultarse- le dijo ella y él  le dedicó una sonrisa cargada de desprecio.
-¿Cree que puede con nosotros?
-Yo no, pero la verdad sí.
-Está sobrevalorando la verdad. Una mujer adulta no debería ser tan inocente – le dijo él y se sintió asqueada, sobre todo porque él era el culpable de que ella no fuera inocente. Le había enseñado a desconfiar, a cerrarse ante los demás, a no creer.
-Debo haber estado loca…-musitó sin darse cuenta.
-Sí doctora, no debió meterse en esto ni venir acá. Siga tranquila con su vida, eso es lo mejor para todos. Si eso es todo, le dije que estaba muy ocupado. Le pido que se retire.
-Sí, entiendo- dijo poniéndose en pie y él también se paró, era más alto de lo que recordaba, había alcanzado la plenitud física y no pudo evitar pensar que era un hombre muy atractivo, aunque su corazón estuviera podrido.
-Que tenga un buen día – dijo él y sonó horriblemente frío, casi como un insulto.
-Gracias. Pero si usted no hace nada, tendré que hacerlo yo.
-No se moleste, le dije que no puede hacer nada.
-Como dijo, soy una mujer adulta, sé que lo que digo es verdad así que no me amedrento fácilmente. Vine esperando obtener cooperación,  ya que causa el problema, esperaba que le diera una solución. Pero visto su desinterés, tendré que hacer pública esta situación.
-¡No se atreva! – dijo elevando la voz y rodeó el escritorio para ponerse frente a ella. Claire retrocedió instintivamente.
-¿Le teme a la verdad?- lo desafió.
-La verdad es que si lo hace, una serie de expertos, verdaderos expertos, evaluarán la situación y daremos nuestro propio informe. Evítese el ridículo.- le dijo acercándose y Claire se vio obligada a retroceder  más para alejarse de él. Se sentía subyugada al estar tan cerca.
-Lo veremos…-dijo ella y se marchó.
Apenas cruzó la puerta se apoyó sobre la pared, había pasado por un huracán de emociones y había sobrevivido. La batalla acababa de empezar, sin embargo sólo había  un pensamiento en su mente.
¿De verdad  no la reconocía? Por lo visto había sido demasiado insignificante para él, a ella le había llevado años sacarlo de su vida, para él ni siquiera era un recuerdo.

Cuando Claire salió de la oficina, se dejó caer sobre el sillón y se dio cuenta que tenía el puño apretado con fuerza. A pesar de que había intentado no mirarla mucho para no perder el control, con cada mirada robada había absorbido cada detalle, cada rasgo de ella. Verla era como beber agua después de vagar años en un desierto.
La había añorado tanto que casi le dolía.
Había cambiado pero seguía siendo ella, el cabello lo llevaba más corto, a la altura de los hombros y su cuerpo se había vuelto el de una mujer en su plenitud dejando atrás a la adolescente, pero la hubiera reconocido en cualquier parte. Incluso entre una multitud habría sabido que era ella.
Durante mucho tiempo había imaginado a la Claire adulta, tenerla frente a él y fingir había sido una tortura.
Al verla entrar, permaneció sentado para no salir corriendo a estrecharla contra sí. Tenerla parada enfrente había sido un impacto difícil de manejar.
Había notado su inseguridad y su confusión, pero debía mantener la distancia. Sin embargo controlar sus sentimientos había sido lo más difícil de su vida, su perfume lo tentaba, su piel despertaba el anhelo de tocarla y quería decir su nombre una y otra vez, quería pronunciarlo por cada vez que lo había gritado en su interior. Pero había evitado hacerlo por temor que al decir Claire se trasluciera lo que sentía.
Quería volver el tiempo atrás y era imposible.
Se maldijo a sí mismo por seguir amándola, porque al verla allí defendiendo sus creencias, tan valiente, tan honorable, y tan frágil, supo que  era imposible tenerla.
Sus caminos se habían alejado demasiado, él ya no podía volver.
Durante unos instantes dejó caer la cabeza contra el respaldo del sillón, necesitaba ordenar el caos que se había desatado en su interior. De golpe su mente se había llenado de recuerdos de ella. Se despeinó el cabello con la mano y volvió a la realidad. Tenía mucho que hacer. Lo primero era averiguar si su padre había mandado eliminar las medidas de seguridad que él había ordenado en las fábricas, aunque tenía la certeza de que así había sido.
Media hora después, Lucian tenía la confirmación y había convocado a su padre.
-¿Cambiaste mis órdenes respecto a las medidas de seguridad de la planta metalúrgica? – le preguntó apenas el hombre cruzó las puertas.
-Sí, era gastar dinero de gusto.
-Por tu culpa hay gente enferma y nosotros corremos peligro – dijo Lucian enojado.
-¿Te importa la gente ahora? No te ha importado todo este tiempo, ni cuando los expulsabas de sus propiedades  para obtener un lugar que querías para construir ni cuando se interponían en tus planes – le dijo su padre.
-Lo que me importa es que tendré que gastar dinero y esfuerzo para cubrir esto, mientras que si hubieran seguido mis órdenes podríamos estar tranquilos. Esas fábricas dan grandes dividendos, valía la pena invertir en seguridad.
-Puede arreglarse, no sería la primera vez que sobornes a alguien...
-¡Maldita sea, no era necesario! – gritó frustrado. Había querido hacer las cosas bien aquella vez y todo se había trastocado.
- Sabes bien que nadie se atrevería a ir contra nosotros, Lucian. Sólo arréglalo.
- Si vuelves a meterte, abandono todo y te encargas tú de que esto no naufrague. ¿Me escuchaste, padre?
-No tienes que ponerte así...
-Tú dejaste Gladius en mis manos, yo manejaré los asuntos a mi manera, lo he hecho bastante bien en los últimos años, ¿verdad?. No necesito que interfieras y tener que arreglar tus embrollos.
-¿Quieres que lo arregle yo? – dijo el hombre.
-No, ya hiciste suficiente. ¿No lo entiendes, cierto? Si esto se hace público, no se trata sólo de la responsabilidad que nos cabe, sino que nuestra imagen se verá empañada. Hoy en día se le da mucha importancia al medio ambiente, perderíamos el negocio con China y los políticos que tanto te gustan nos darían la espalda en nombre de lo políticamente correcto, sin importar que sus bolsillos estén llenos con nuestro dinero. Por ahorrar una cantidad miserable podríamos perder millones...
-No es tan complicado Lucian, sólo dale dinero a quien debas hacerlo, calla a quien debas callar y haz uso de la reputación que te has ganado. Allí afuera dicen que nadie se mete con Lucian Crow y sale indemne, demuéstralo.
-Eso también cuenta para ti padre, deja de meterte en mi camino.
-Sigo siendo el dueño de todo.
-Pero sin mí, sólo eres un delincuente con trucos sucios. Soy quien sustenta tu reputación de hombre de negocios.
-Está bien, haz lo que quieras. Ni siquiera sé por qué diablos me hiciste venir.
-Para saber si hay algo más en lo que hayas interferido antes que me estalle en la cara como esto.
-Yo juego a mi manera, tú a la tuya- contestó el  padre
-Veamos quien juega mejor – le respondió él antes que su padre se marchara.
Tenía que arreglar aquello y pensar muy bien en qué forma lo haría, porque Claire estaba en el medio.

Golpearon el consultorio de Claire y al abrir la puerta se encontró con Jacob que traía una bandeja.
-Tienes que comer algo, has hecho guardia, te has ocupado de tus pacientes y no recuerdo haberte visto comer bien ni dormir en lo que va de la semana. Así no serás útil...
-Lo sé.
-Pero tienes la cabeza en otra parte, ¿verdad?. Sigues dándole vueltas a eso de la fábrica y la contaminación.
-Tengo que hacer algo – respondió ella y guardó para sí que lo que no le había permitido dormir bien  la última semana había sido el recuerdo de Lucian Crow. No sólo su fábrica contaminaba, también él porque se le había metido dentro, parecía fluir en su torrente sanguíneo y la estaba envenenando.
-Claire.
-No te preocupes, voy a comer- dijo ella tomando la bandeja y empezando a comer lo que le había traído- Necesito estar fuerte, ¿verdad?
-No me gusta nada esa mirada tuya.
-¿Cuál mirada?
-Como Juana de Arco antes de iniciar su camino a la hoguera – le respondió él con pesar.

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