Y media hora después aproximadamente, de haber escuchado a su padre, llegaba al puerto marítimo para encaminarse al club náutico, al que también pertenecía Gerard.
Suponía que había logrado escaquearse, gracias a la gran cantidad de gente que había en los juzgados principales. Bien podía decirse, que prácticamente, se hallaba el noventa de la población.
Y nadie la miraba raro, al verla tan elegante.
Pero, aun así, tenía que ir mirando por encima del hombro, por si veía alguno de los guardaespaldas de la casa real. Encontraba algo extraño, que no la tuvieran extra vigilada.
Las puertas correderas se abrieron, dando paso al enorme vestíbulo del lugar, donde pudo vislumbrar al jefe encargado de allí, quien, al verla frunció por un segundo el ceño, para instantáneamente hacer un leve gesto de inclinación de cabeza.