Cian también necesitaba
despejarse, así que en lugar de descansar fue a entrenar.
Su mente funcionaba
distinta con una espada en la mano, y de paso aprovecharía para revisar la
condición de las tropas reales.
Varias horas después,
había liberado la tensión y había logrado inspirar miedo en los soldados que no
estaban dando lo mejor de sí.
Se sentó en el suelo,
agotado por el entrenamiento, cuando Deq se le acercó .Aún llevaba el ojo negro
por el golpe que le había dado la noche de la redada. Había estado furioso en
ese momento porque no había protegido a Azize como le había pedido.
El hombre se sentó a su
lado.
- ¿Vienen tiempos
difíciles, eh? – preguntó.
-Sí, eso creo. Necesito
que me busques una espada corta y liviana y también un puñal , algo pequeño,
que pueda portar una mujer.