Su respiración, iba totalmente acelerada, mientras se hallaba escondida tras la puerta de su dormitorio, con aquel palo de madera, que su padre le había regalado el día que se había independizado.
Tenía mucho miedo.
Alguien había entrado en su casa. Puede que fueran los mismos, que entraron en casa de Eric, tratando de robar información. Puede que aún quedara alguno suelto, y éste, al saber que era su secretaria y amiga, habría pensado que tal vez, ella podía tener información privilegiada.
¡Joder, también sabía que era una imbécil!
El teléfono suyo, descansaba perdido entre las sábanas de su cama. Había sido tal, la impresión al escuchar a alguien deambular a altas horas de la madrugada por su casa, que no había caído en pedir ayuda por aquel medio.
Pero si no se equivocaba, ya era demasiado tarde, para ir en su búsqueda. El asaltante, iba directo al dormitorio. Es como si conociera perfectamente la estancia...