Gianfranco tomó con
desgana el celular que sonaba , leyó el escueto mensaje de texto que aparecía
en la pantalla “Estoy en camino amor, llego en minutos” y molesto apagó el teléfono dejándolo nuevamente sobre su escritorio.
-¿Quién era? –
preguntó la rubia que lo miraba
-Nadie importante
–respondió él -¿En qué estábamos? –preguntó con una sonrisa seductora y atrajo
a la mujer hacia él. La besó apasionadamente al tiempo que le desabrochaba la
blusa .Dejó que ella le desabrochara la camisa, al tiempo que en su mente
calculaba el tiempo.
La arrastró consigo
y la subió al escritorio mientras le
quitaba la blusa y el sostén, para después acomodarse entre las piernas
de la mujer. Volvió a besarla con profundidad sin dejar de acariciar la piel
desnuda, podía sentir los fuertes latidos de ella, pero más que eso adivinaba
el ruido de los pasos que se acercaban a la puerta de su oficina.
Con sus expertas
caricias hizo jadear a la mujer antes de volver a callarla con un beso.
Entonces sintió que la puerta se abría, sintió a la rubia tensarse en sus
brazos y sintió el grito de otra mujer que los observaba incrédula.
-¡Dios mío!-
exclamó Cecilia al observar la escena
que tenía frente a ella.