
Y nuevamente se hallaba con una taza de café en su terraza, salvo que aquella vez miraba a las estrellas, siendo aún el mismo día.
Demasiada calma a su alrededor, para lograr un sueño reparador.
Eran las cuatro de la mañana, cuando aún se hallaba mirando de tanto en tanto, la sonrisa de su hijo en las fotografías, que le había hecho llegar su madre.
Aspiró con fuerza, cuando sopló una suave brisa y le llevó el olor del jazmín, que tenía al otro lado de la terraza.

