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viernes, 9 de octubre de 2015

Pétalos de Cerezo 10° -Final



Inglaterra 1901

Anna había pasado mucho tiempo enferma y también había sido largo el tiempo de convalecencia.
Cuando se había recuperado completamente, se sentía tremendamente vieja y cansada, como si aquellos días de fiebre hubieran sido años.
También era muy consciente de los cambios que había traído aparejada su enfermedad, ya no era la joven de antes de viajar ,ni tampoco la de Japón. Era un despojo de ambas, lo que había sobrevivido.
Tenía que encontrar un lugar para sí misma.

lunes, 5 de octubre de 2015

Pétalos de Cerezo 9°



El joven japonés no pareció notar aquel silencioso intercambio y se ocupó de llevar el equipaje de Anna.
Se sorprendió cuando Takeshi la hizo sentar en el asiento delantero del vehículo y luego  ocupó el puesto del conductor.
-¿Conduces? – preguntó asombrada.
-Sí, Gaijin. Este automóvil es uno de los primeros que llegó al país, y aprendí a conducirlo antes que nadie. Confía en mí.
-Espero tener más suerte que con los trenes- dijo ella en tono de broma. Y cuando él arrancó, durante unos minutos contempló la Villa Izumi que dejaban atrás.
Takeshi condujo a mínima velocidad y más que por precaución, ella sabía que lo hacía para demorar su despedida. Estaban agotando sus argucias y pronto deberían enfrentar lo inevitable, pero mientras tanto luchaban por ganar momentos juntos.

viernes, 2 de octubre de 2015

Pétalos de cerezo 8°



Sus charlas volvieron a ser superficiales, Anna evitaba mirarlo a los ojos y él estaba extremadamente tenso y formal.
Su tiempo juntos parecía haber quedado muy lejos.
Poco antes de llegar al destino, Takeshi  la miró con intensidad.
-Ven conmigo a la Villa Izumi- le pidió desconcertándola.
-¿De qué hablas? Sabes que no podemos…
-Ven como una invitada, aún te queda un largo trecho hasta llegar a la casa de Akira Tanaka. Descansa en mi casa y luego nuestro chofer  pude llevarte hasta allí.
-Es una locura…
-Lo sé, pero no puedo dejarte ir sola, no aún…- dijo él.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Pétalos de Cerezo 7°



A la mañana le costó abrir los ojos, los sentía hinchados por haberse quedado dormida llorando.
Había decidido respetar el deseo de él. No había otra solución posible, de otra forma ambos serían extranjeros allí donde fueran porque para estar juntos debían renunciar a una parte importante de sí mismos. Su abuela le había soltado la mano a Akira creyendo que era lo mejor, no había sospechado que fuera posible, pero ella iba a hacer lo mismo.
Una hora después se reunió con él para ir a la estación.
-¿Ya tiene el equipaje listo? – preguntó al verla llegar.
- Sí, ¿ya podemos irnos?
- Un carruaje vendrá a buscarnos- dijo él y ella sintió que si aquella charada seguía mucho tiempo más no podría soportarla.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Pétalos de Cerezo 6°



Al despertar, el primer pensamiento de Anna era que aquel día era el último en esa ciudad, la mañana posterior tomarían un tren  que los llevaría a cada uno por caminos separados. Ella llevaría a su abuela a su destino final y Takeshi Izumi volvería a su hogar y sus responsabilidades. Suspiró desalentada.
Después de asearse y vestirse, tomó el diario de su abuela y releyó algunos párrafos. Fue casi un golpe físico descubrir cuán reflejada  se sentía ahora con aquellas palabras.

“Cuando cierro los ojos, puedo estar allí, los recuerdos me envuelven. Vuelve el olor de las flores, del aire, vuelvo a caminar por esas calles, vuelvo a verte a ti”.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Pétalos de Cerezo 5°



Takeshi era un interlocutor  muy interesante una vez que podía sacarlo de su obsesión por las frases cortas. Aquello que contaba se volvía algo vívido y no era monótono sino que hacía que el relato fuera ameno e interesante, la joven sintió que él dejaba entrever su verdadero ser hablando de Japón, en sus palabras se colaba cierta pasión que no salía a relucir usualmente.
Ella siguió haciendo preguntas sobre el idioma japonés, historia y las costumbres, él contestó amablemente.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Pétalos de cerezo 4°



Tanto caminar empezó a lastimarle los pies, pero no dijo nada, ya bastante lastimosa había sido al no poder hablar el idioma, ni comer con propiedad, como para quejarse también por eso.
Al atardecer, llegaron a un pequeño poblado. Takeshi se encargó de buscar alojamiento para ambos aunque ella insistió en pagar su parte, él accedió con cierta reticencia, pero ambos sabían que no podía pagar por los gastos de la joven.
La dueña la había mirado raro cuando llegaron pero la ascendencia de Takeshi , al que se dirigía con un respetuoso “Izumi- San” había hecho que la tratara con amabilidad.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Pétalos de Cerezo 3



Varias horas más tarde , se dirigió al vagón comedor para almorzar. Había pocas personas, sólo aquellos que habían pagado el alto precio de aquel servicio extra.
Recorrió con la mirada el lugar buscando donde sentarse y encontró que una señora, acompañada por un hombre , le hacía señas para que se acercara. Eran occidentales y la mujer tenía tantos moños y plumas en el sombrero que Anna tuvo que reprimir una sonrisa. Avanzó hacia ellos.
-¡Querida, siéntate con nosotros! Debes tener hambre, ¿verdad? ¿De dónde eres? Mi nombre es Amelia y este es mi esposo, somos de Norteamérica – dijo casi sin respirar y sin darle tiempo a contestar ninguna de las preguntas.
-Soy Anna Seymour, vengo de Inglaterra -  dijo ella y se sentó. No pudo decir nada más porque justo trajeron la comida.
-Por suerte es sopa, así podemos usar cucharas. Odio esos palillos, no sé cómo los amarillos pueden comer con ellos- exclamó la mujer y su marido asintió a su lado- ¿Qué te trajo a este lugar olvidado de la mano de Dios? – preguntó y en ese instante Anna fue consciente de la presencia del joven

lunes, 7 de septiembre de 2015

Pétalos de Cerezo 2°



Aquella travesía había comenzado más de cincuenta años atrás, cuando la joven Claire, su abuela, de apenas diecisiete años, había viajado con sus padres al Japón.
El bisabuelo de Anna había sido un diplomático y sus funciones lo habían llevado a aquel lejano país que estaba atravesando drásticos cambios, poco a poco comenzaba a abrirse a occidente y a la modernidad.
La familia de Claire había viajado a otros países con anterioridad y Japón sólo era un lugar más. Pero había sido mucho más que eso.
La pareja, había contratado a un joven tutor japonés, un maestro recién recibido, muy bien recomendado por otros ingleses , para que le enseñara el idioma a su hija.
Nadie, ni siquiera los protagonistas, habían previsto que surgiría el amor.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Pétalos de Cerezo 1




Otra historia que fue escrita para un concurso y se quedó en el camino, así que aquí se las traigo, espero les guste y la buena noticia es que está terminada así que no los tendré esperando años esta vez.¿Qué tal un romance en Japón?
                                                                   Pétalos de cerezo 1


No recuerdo que me llevó hasta allí, tal fuera el  extraño silencio que envolvía la casa o el sonido de un llanto apagado que lo interrumpía.
Caminé descalza por el piso frío, como un pequeño fantasma que atravesaba los pasillos. Me asomé a la puerta y la vi aferrando una carta contra su corazón mientras las lágrimas caían por su rostro.
Yo tenía seis  años en ese entonces y amaba a esa mujer que ahora se revelaba en una forma totalmente desconocida para mí.
Llorando a solas,  cobijada por las sombras, no era la elegante dama inglesa de la sociedad, ni era tampoco mi cálida abuela dispuesta a equilibrar con su ternura la dureza de mis padres, era una desconocida.
Percibió mi presencia y sus ojos azules, iguales a los míos,  se quedaron mirándome, me aferré con fuerza a la hoja  de la puerta que medio me ocultaba, parecía que el dolor de su mirada pudiera tocarme.
No dijo una palabra, sólo nos miramos hasta que corrí hacia sus brazos y me sostuvo contra ella.
Su cuerpo desprendía dolor de mujer, de la clase que sólo una herida de amor puede infligir, desesperado, intenso, incurable, pero entonces no lo comprendí.
Pasarían muchos años para que yo comprendiera esa desolación, muchos años para seguir las huellas de mi abuela hasta  sentir  que yo lloraba ese mismo llanto que había presenciado en mi infancia, para que yo también me volviera una extranjera en mi propia piel.

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