
¿Se podía morir una por un simple beso? La respuesta era sí. En aquel momento ella tendría que estar dándole de guantazos, y sin embargo allí estaba. Quieta, sintiendo como Donovan iba llevándola a un mundo de perdición con sus labios. ¿Cómo podía resultar tan… seductor, dulce, cariñoso? Y en otros momentos ser tan idiota, que la hacía estallar como una tetera.
Tenía miedo a moverse, porque no sabía como actuar. ¿Y si se equivocaba en su paso? Desde luego menuda escritora de romance estaba hecha. Pensó con cierto fastidio… ¿Y qué se suponía que tenía que hacer, tomar apuntes para la secuencia que estaba escribiendo en su novela? ¿Era aquello a lo que se refería él?
-¡OH! -Donovan abandonó sus labios, para capturar el óvulo de su oreja derecha con una maestría que la hizo temblar de pies a cabeza. Después, comenzó un lento descenso con su lengua por todo su cuello… ¡Por dios, todo el vello de su cuerpo estaba erizado! Ahora debía parecer un puerco espín…




