
Con la cabeza agachada y dándole la espalda se puso la maldita camisa de Donovan. ¿Porqué puñetas tenía que oler a él si era limpia? Pensó con gran rabia y frustración… ¿Cómo podía ser tan cretino? Jamás hubiera pensado eso de él… ¿Acaso no había sentido nada tras acariciarle el cuerpo y besarla de aquella manera? Tan poco atractiva le resultaba… Sus ojos se empañaron de lágrimas al comprender que sus sentimientos eran imposibles de ser correspondidos. Y notando como una rabia interna iba creciendo poco a poco a causa de que hubiera jugado con ella.
Ya empezaba a estar un poco harta del jueguecito que se traía entre manos. Sus músculos de la espalda se tensaron, al escuchar como él se volvía a situar tras ella para situar sus grandes manos en sus hombros y poder voltearla hacia él.





